Hoy es: Jueves, 17 de Abril de 2014
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Silvia Terán Contreras
Christian Rasmussen
Olivio May Cauich


 


Fotografía. Christian Rasmussen

Introducción

Durante los últimos años se han estado reivindicando los valores ecológico, genético, económico, nutricional y cultural de los sistemas tradicionales de manejo de la naturaleza. Su conocimiento ha revelado que, lejos de constituir prácticas irracionales e ineficientes, obedecen a una racionalidad profundamente acorde con aquella de los ecosistemas en que se han desarrollado y que, por lo tanto, son prácticas que se inscriben en el ahora llamado desarrollo sustentable, que persigue un uso racional de los recursos naturales que permita satisfacer eficazmente las necesidades humanas sin menoscabo de la naturaleza. Eso significa que en lugar de eliminarlos, como tradicionalmente se había querido hacer, bajo la óptica optimista del progreso industrial que imperó desde el siglo pasado, hay que conservarlos y desarrollarlos, incorporando aquellas prácticas derivadas del conocimiento científico que no contradigan los principios de la racionalidad de los sistemas tradicionales de manejo y de los ecosistemas, con el fin de modernizarlos y permitirles responder a las necesidades que exige el desarrollo del mundo, hoy.

    En la agricultura mesoamericana, los estudios etnobotánicos (Barrera et al., 1977; Caballero et al., 1978; Zizumbo y Colunga, 1982; Alcorn, 1984; Toledo y Barrera, 1984; Gómez Pompa, 1985; Terán y Rasmussen, 1994) han permitido ver que una de las fuerzas más importantes de los sistemas agrícolas tradicionales, han sido los recursos fitogenéticos domesticados y que es importante profundizar en su conocimiento. Por eso, escribir un libro sobre las plantas de la milpa, constituye un aporte al conocimiento de uno de los aspectos más esenciales del más extendido, importante y tradicional sistema agrícola mesoamericano. En él, las plantas, a diferencia de lo que ocurre en otros sistemas agrícolas, además de constituir el fin de la producción, han constituido la herramienta más importante de la misma.

    Su estratégico papel ha provocado que, además de ser múltiples los recursos fitogenéticos domesticados que se han producido en esta área, éstos han tenido que ser manejados de manera individual (Hernández X., 1985:22) y, por eso, el conocimiento de este sistema debería ofrecer información "biográfica", individualizada, de cada especie, con el fin de conocer con más detalle la racionalidad del sistema.

    El conocimiento de la diversidad fitogenética no sólo es una contribución al conocimiento de la agricultura tradicional, sino también constituye un aporte para conocer el inventario de dichos recursos en nuestro país, que a su vez son la base del moderno desarrollo biotecnológico.



Fotografía. Christian Rasmussen

Las plantas en la agricultura de Mesoamérica

En Mesoamérica, las plantas, además de ser el objeto de la agricultura, han sido su herramienta principal. De los tres factores que conforman la agricultura en general: tierra, agua y plantas, las distintas culturas del mundo han privilegiado el manejo de alguno de ellos, en función de las condiciones ecológicas en las que se desarrollaron. El suelo y el régimen pluvial favorecieron en Europa el desarrollo de una agricultura basada en el manejo de la tierra, a través de instrumentos topográficos como el arado, primero, y después el tractor. Por último, en partes de Asia, ciertos ríos y sus valles aluviales, condicionaron un manejo del agua superficial a través de obras de irrigación como canales y presas. En Mesoamérica, ni la conformación topográfica, tan diversa y abrupta, ni la configuración de sus ríos, favorecieron una agricultura topográfica o hidráulica a gran escala (Wolf, 1983), a excepción de la agricultura chinampera del centro de México, que se desarrolló poco tiempo antes de la conquista española.

    El pivote de la agricultura mesoamericana, ha sido su alta variabilidad climática, que en el marco de importantes contingencias ambientales como plagas y enfermedades y en combinación con la riqueza y diversidad bióticas del área, dieron por resultado el surgimiento de una estrategia agrícola basada en el manejo privilegiado de las plantas.

    Los factores ecológicos del área favorecieron una agricultura cuyo eje ha sido el manejo de múltiples recursos fitogenéticos. El cultivo de muchas plantas con diversas características ha permitido enfrentar el marco tan incierto en que se mueve la agricultura, con cierto margen de seguridad, pues si unas especies no se logran por la sequía, el exceso o la escasez de lluvia, las enfermedades o las plagas, otras sí (Flannery, 1973; Barrera et al., 1977; Hernández X., 1982; Zizumbo y Terán, 1985; Zizumbo, 1986; Terán y Rasmussen, 1994).

    Por eso, Mesoamérica se ha distinguido por ser uno de los centros de domesticación de plantas más importantes del mundo (Vavilov, 1949-50). Cuando llegaron los españoles ya se habían domesticado más de cien especies y múltiples variedades y ese proceso ha continuado realizándose por los campesinos tradicionales del área (Johansen, 1982; Colunga, 1984). Plantas como el maíz (Zea mays L.), el tomate (Lycopersicon esculentum Mill), el aguacate (Persca americana Miller var. Americana), el ejote (Phaseolus vulgaris L.), el cacao (Theobroma cacao L.) y la nochebuena Euphorbia pulcherrima Willd.), que se han extendido por todo el mundo, vienen de Mesoamérica.

    Esta estrategia dio lugar al surgimiento, expansión y permanencia de un policultivo que ha sido la base de la agricultura mesoamericana y que es el famoso sistema conocido con el nombre de milpa. Otros sistemas existieron desde antes de la conquista y otros más fueron introducidos a raíz de ella, pero la milpa ha continuando existiendo en Mesoamérica, sobre todo en aquellos sitios donde las limitantes ecológicas son más drásticas y han obstaculizado la introducción de cultivos y/o prácticas diferentes.


Fotografía. Christian Rasmussen

El sistema milpero en la agricultura mesoamericana

La milpa es un policultivo en cuyo corazón se encuentra la conocida trinidad mexicana formada por la asociación de maíz, frijol (Phaseolus spp.) y calabaza (Cucurbita spp.). Además incluye otras muchas plantas que varían de una región a otra. Esta asociación cuyo modelo parece haber sido tomado de la naturaleza (Flannery, 1973), es más resistente que si sus especies se cultivaran solas y tiene un rango adaptativo que incluye todos los climas (desde los semidesérticos hasta los templados, pasando por los tropicales) y todas las altitudes (Wellhausen, 1951).

    En Mesoamérica, la milpa no es el único policultivo, hay otros como los huertos o las hortalizas, que son distintos en su composición de especies y variantes de acuerdo al lugar en donde se desarrollen. Sin embargo, la milpa ha sido el principal porque es el más extenso y es de donde salen los alimentos básicos del pueblo que son el maíz, el frijol y la calabaza.

    Es importante considerar que dicha trilogía es una fuente importante de carbohidratos, proteínas y grasas y que las otras múltiples especies que se desarrollan en la milpa, como el chile y el jitomate, proveen de vitaminas y minerales, de modo que es un sistema que cubre todas las necesidades nutricionales del cuerpo humano.

    Su gran adaptabilidad ecológica y su capacidad para satisfacer las necesidades alimenticias, permite comprender porqué la milpa está presente en toda Mesoamérica, a pesar de su diversidad ecológica.

 

La milpa en la planicie yucateca

Si en Mesoamérica, en general, la milpa ha jugado un papel de primer orden, en la planicie yucateca este papel destaca más, debido a que sus drásticas condiciones ecológicas, (como su suelo delgado y pedregoso o como su régimen pluvial altamente variable) han obstaculizado la entrada de instrumentos topográficos europeos como el arado o el tractor, a excepción de pequeñas áreas localizadas al sur o al oriente, donde se encuentran las únicas porciones de suelo profundo (Duch, 1988). En el resto, la milpa bajo roza-tumba-quema, ha sido el sistema dominante desde hace 4,000 años.

    En Yucatán, la imposibilidad de intensificar la producción agrícola modificando el terreno, ya sea con instrumentos o construyendo obra hidráulica, empujó a la modificación de las plantas a través de selección artificial (Terán, 1989). En la planicie yucateca encontramos en prácticamente todas las especies que se cultivan en milpa, variantes de ciclo corto de maduración que favorecen el levantamiento de varias cosechas en distintas épocas y en correspondencia con las necesidades, las especies con mayor número de variantes de ciclo corto, son aquellas que juegan un papel de primer orden en la alimentación, como el maíz, el frijol y la calabaza (Terán y Rasmussen, 1994).

    Estas variantes de ciclo corto, se cultivan preferentemente en los otros dos espacios agrícolas que son muy importantes en Yucatán, además de la milpa: la hortaliza de la milpa, que se llama paach pak'al o pet paach y el solar. Los tres son policultivos, pero tanto la milpa como el paach pak'al, dependen del temporal, mientras que el solar depende del riego.

    El único sitio de Yucatán donde parecen haber existido condiciones de una intensificación a una escala un poco mayor debido a sus condiciones ecológicas favorables, fue la sierrita Puuc. Allí, la presencia casi constante de niebla o 'sereno', que otorga humedad al suelo, ha favorecido el levantamiento de varias cosechas anuales de variantes de ciclo corto de varias especies de la milpa (Terán, 1989).

    Así mismo, las "rejolladas" o k'óop, que se localizan mayormente en el oriente de Yucatán, y que son hundimientos de la corteza que favorecen la acumulación de suelo y humedad (Roble, 1959; Isphording, 1975), han favorecido el cultivo de frutales (Chi, 1978; Hester, 1954; Kepecs y Boucher, 1992).

    La diversidad de espacios productivos con distintas características, ha favorecido el cultivo de muchas especies y muchas variedades con características distintas que deben de ser definidas y estudiadas para aprovechar su potencial.

    En este estudio nos concentramos en las plantas de la milpa, que han sido las más importantes histórica y culturalmente, quedando pendientes los otros espacios.


Fotografía. Christian Rasmussen

La milpa en Xocen

Xocen es una de las comunidades más tradicionales de la zona milpera y, por lo tanto, uno de los sitios donde todavía es posible reconstruir el funcionamiento de la antigua milpa. Allí realizamos un estudio hace unos años, y en ella registramos el manejo de 32 especies y 95 variedades, siendo 16 especies nativas y 16 introducidas.

    El estudio que ahora presentamos arroja mayor cantidad de variantes que las que se habían registrado en el primer estudio.

    Lo interesante es que en Xocen todavía se puede apreciar que la milpa no sólo constituye un espacio productivo, sino también el eje en torno al cual giran múltiples actividades agrícolas y no agrícolas y que todas, en conjunto, permiten la reproducción de la existencia.

    Entre las actividades agrícolas, aparte del cultivo de la milpa, está el cultivo del pet paach y el de solares. El pet paach es un espacio que se selecciona en la milpa, para cultivar mayormente hortalizas, que requieren de mucho sol y que por eso no se intercalan entre el maíz. Además, generalmente requieren de condiciones especiales como puede ser un mejor suelo, o mejor drenado y entonces se selecciona el pedazo con mejores condiciones para sembrar dichas hortalizas. Se procura que quede en el centro de la milpa, para que no lo ataquen los predadores.

    Entre las actividades no agrícolas están la apicultura, la recolección, la cría de ganado de monte y de solar, la elaboración de artesanías, el pequeño comercio y el trabajo asalariado.

    Pero, además, la milpa es el eje organizador de la familia y es base de la cultura culinaria y de múltiples prácticas y creencias religiosas como podrá apreciarse en la información de este libro.

 

Las plantas de la milpa

Cada planta es como un individuo y requiere de un tratamiento particular por parte de los campesinos y por eso nosotros decidimos tratarlas así. Cada una de las plantas de la milpa tiene un origen y una historia. Puede ser que sea nativa, americana o de otro continente y puede ser que tenga muchos o pocos años viviendo allí. También, cada planta tiene un nombre o dos porque si es maya, casi siempre se le llama de otro modo en español y puede ser que en otras épocas se le haya llamado de manera diferente.

    Cada planta tiene un manejo especial: prefiere cierto tipo de suelo, humedad; tiene su tiempo de cultivarse, la atacan ciertas plagas, requiere ciertos cuidados, y así sucesivamente.

    Entre las plantas también hay jerarquías y hay algunas más importantes que otras, lo cual se refleja en la cantidad de espacio que el hombre les otorga tanto en los cultivos como en su estómago, pues cada planta tiene su manera de cocinarse y de comerse (frecuencia, ocasiones, etc.).

    Pero también las plantas tienen que ver con la esfera de lo sobrenatural como los hombres que las cultivan y la mayoría de las plantas tienen que ser presentadas ante Dios, antes de ser consumidas. Y hay algunas, como el maíz, que antes fueron sacralizadas y que ahora todavía tienen cierto carácter sagrado. Alrededor de algunas plantas se han montado ciertas creencias.

    Finalmente hay que decir que, al igual que ocurre con otras cosas de este país, hay dos versiones sobre las plantas (la de los mayas y la de los científicos). En este trabajo, en la medida de lo posible hemos tratado de incorporar los datos de los mayas y los de los científicos, pero dándole prioridad a la versión de los mayas.


Investigadora independiente

Fundación Tum Ben Kin, A. C Regresar

Antropólogo y fotógrafo Danés Regresar

Campesino de Xocen Regresar

Terán, Silvia, Rasmussen, Christian, May, Olivio (1998)
Las plantas de la milpa entre los mayas
. Etnobotánica de las plantas cultivadas por campesinos mayas en las milpas del noreste de Yucatán, México. Fundación Tun Ben Kin, A. C.

 

Bibliografía





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