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INDEPENDENCIAS

Francesc Ligorred Perramon

 

 

De  Cisteil  a  Arenys de Munt

“…chen ba’axe’
ja’lmaj  xikín in ka’j  tanile’
ti’ u sa’as  p’iskuxtule’
leilie’ yan utz  báxal
leilie’  yan k’as  báxal.”

(“…pero
advierto primeramente
que en la medición clara de la vida
hay siempre juegos buenos
hay siempre juegos malos.”)

Waldemar Noh Tzec
Cecilio Chi’ yétel Jacinto Kan Ek’ ti’ K-K’ajlay
(Calkiní, 2008)

 

En este año 2010 –del calendario cristiano- algunos estados latinoamericanos (Argentina, Colombia, México, Chile,...) conmemoran el bicentenario de sus independencias, pero es probable que, una vez más, se olvide que estas independencias apenas sirvieron para los pueblos originarios de aquellas tierras, para las culturas y para las lenguas amerindias. Mapuches, guaraníes, quechuas, aymaras, cunas, náhuatls, otomíes, purépechas, mayas,... siguen –junto con otras etnias afortunadas que han sobrevivido- sufriendo marginación en sus propios territorios; de las trágicas conquistas española, portuguesa, francesa y anglosajona (S.XV-XVIII) se pasó a un no menos destructor proceso republicano (S.XIX-XX), y tanto en una como en otra etapa, los evangelizadores, los colonizadores, los criollos y los nacionalistas latinoamericanos, contaron con el beneplácito militar y económico de las potencias occidentales. Debemos precisar que Bolivia y Ecuador se independizaron en 1809 y que algunas declaraciones de independencia se proclamaron veinte años más tarde; finalmente fue Cuba que culminó estos procesos el año 1898. El caso de Haití resulta insultante si se contempla  su situación actual y si se observa que fue –dejando a un lado los procesos fundacionales de los EEUU del siglo XVIII-  la primera república independiente el año 1804. No deja de ser sorprendente –pero no lo es!- que el gobierno español haya constituido una comisión conmemorativa para todos estos bicentenarios independentistas de sus antiguas colonias...; de hecho ya celebró –también el gobierno catalán!- el quinto centenario del “descubrimiento” de América el 1992 y, aquí, valdría la pena no remover mucho las investigaciones sobre los orígenes del almirante Cristóbal Colón.

       Amparados en la decolonialidad y en la postoccidentalidad, desde hace unos veinte años, los movimientos amerindios empiezan a marcar las agendas no sólo de los dictadores y gobernantes pseudodemócratas latinoamericanos sino también de muchas instituciones oficiales mundiales (ej. la cumbre del cambio climático de Copenhague, 2009) y es que saben, por experiencia, que de allí de donde les han venido los problemas difícilmente les vendrán las soluciones; eso lo tienen igualmente claro Rigoberta Menchú Tun o Evo Morales Aima, por citar a una mujer y a un hombre “indígenas” de renombre internacional. Guste o no guste a los “otros” algunos gobernantes actuales de América tienen la piel oscura y los cabellos lisos, afortunadamente se van acabando las imágenes coloniales, no lejanas, de gobernantes blancos y rígidos, con espesas barbas, católicos y de habla hispana. Algunos dirigentes de la América de hoy –y seguro de la América de mañana- conservan las facciones y los conocimientos de aquellos antepasados constructores de grandes civilizaciones (incas, mayas o aztecas) y aunque hagan uso del castellano o del inglés cuando les conviene, tienen como lengua materna y nacional el quechua, el aymara, el maya o el náhuatl por citar sólo a las más importantes.

       La historia nos demuestra que tan compleja es la tradición colonizadora como la tradición independentista –las afecciones y las desafecciones suelen ir de la mano-, también nos demuestra que tan importante es el reconocimiento de la diversidad como la seguridad de la identidad ya que, a veces, puede entusiasmar más la libertad de la resistencia que una independencia conservadora; los caminos hacia la independencia son diversos (exrepúblicas soviéticas, países balcánicos, puzzles africano y asiático, kurdos, tibetanos,...). Hay pueblos que aspiran a ser un estado, hay pueblos que aspiran a ser una nación, hay pueblos que aspiran a ser una región o una autonomía, hay pueblos que aspiran a ser un país, hay pueblos que aspiran a ser una reserva, hay pueblos que aspiran a ser una selección de fútbol (¡el tricolor o la roja!), hay pueblos que aspiran a ser una hacienda o un territorio, pero también hay pueblos que aspiran a ser un pueblo...; todas las opciones son respetables y todos tienen el derecho a decidir, lo más importante es que sepan decidir sin ser dirigidos ni por los estados de siempre ni por las ONG de turno. Ya sabemos que un zapoteca que llegó a la presidencia de México, en pleno siglo XIX, acuñó aquel acertado precepto de que “entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”.

       En los últimos meses –también podríamos decir siglos- Catalunya ha querido y quiere avanzar hacia la independencia, una Catalunya con un gran bagaje cultural y social, una Catalunya de héroes y de cobardes, de historiadores y de poetas, de agricultores y de industriales, de nyerros y de maulets, de sabios y de tozudos, de honrados y de usurpadores, de militares y de libertarios, de individualistas y de asociacionistas, de científicos y de diletantes, de cantautores y de corales, de genios y de funcionarios, de homes del temps (meteorólogos) y de cooperantes, de anarquistas y de esquiroles, de devotos y de pecadores, una Catalunya popularmente sostenible e infraestructuralmente insostenible, trasparente o con mucha mierda en la alpargata, una Catalunya del trabajo y de ir a la feina, una Cataluña de catalanes de la ceba (íntegros) y de catalanes botiflers (traidores) y xmaoficios... una Cataluña que tiende a tener miedo de los beneficios de la rauxa (disfrute, gozo) y que insistentemente confunde el seny (talante) con el aburrimiento. Una Cataluña que es y que no es Principado, Países Catalanes, Corona de Aragón, Región Pirenaica, Eje Mediterráneo,... Si son respetables las consultas sobre la independencia y seria loable un referéndum de autodeterminación, es fácil imaginar que las proclamaciones de independencia –levantadas por el pueblo y defendidas por los verdaderos líderes- son el súmmum de la satisfacción identitaria; pero es necesario distinguir entre los personajes mediáticos y los grandes políticos, hay que distinguir entre la sociedad civil y el pueblo creyente, también entre las olas virtuales y las tempestades reales. Para cualquier nación son imprescindibles más voluntarios para la resistencia que portavoces sobre la independencia, la virtualidad de los tiempos modernos no debe estar reñida con las virtudes de los tiempos pasados.... si se quiere construir un presente con futuro; Catalunya no se puede permitir, ni como norma ni como metáfora, ni el retraso de los trenes de cercanías o de alta velocidad, ni las limitaciones de las carreteras transversales. En un futuro cercano, la Catalunya –de más de siete millones de habitantes- ya sea como estado, como nación o como comunidad autónoma seguirá siendo vecina de la meseta castellana y ubicada geopolíticamente en la península europea de Asia (China dixit), recibiendo las místicas influencias del Al-Andalus; en este mapamundi con eje central en el Pacifico y no en el Atlántico, el dilema para el poblado “oasis catalán” es que resulta igualmente difícil que Catalunya siga siendo no independiente como que Catalunya llegue a ser independiente.

       Recordar que Catalunya es una nación con una historia, una cultura y una lengua milenarias pero que en el año 1714 perdió –sometida por las armas- sus libertades políticas y territoriales que pasaron a estar dirigidas  desde el centralismo, primero, castellano y, posteriormente, español. Tras un paréntesis de recuperación cultural, conocido como la Renaixença (S.XIX)  y de unos años de efervescencia patriótica con la aprobación del  estatuto de autonomía de Núria y la proclamación –efímera- de la República Catalana(1931) por el presidente de la Generalitat  Francesc Macià, en fechas recientes se está dando un movimiento independentista a partir de las llamadas “onades de consultes sobiranistes” (olas de consultas soberanistas), una serie de referéndums por la independencia que se realizan periódicamente en varios municipios de Catalunya. Todo empezó en un pequeño pueblo del litoral mediterráneo catalán, en la comarca del Maresme, llamado Arenys de Munt; en este municipio de unos siete mil habitantes, el 13 de septiembre de 2009, acudieron a votar un cuarenta por ciento de la población, de los cuáles más de un noventa por ciento optaron por el sí a la independencia y hubo una casi ausencia de votos negativos. Desde entonces se han celebrado cinco “olas de consultas”, la última (20 junio 2010) ubicada principalmente en el cinturón metropolitano de Barcelona, tradicional feudo del socialismo y sindicalismo catalano-español. Lógicamente los resultados estuvieron muy alejados de las primeras consultas y en una población tan emblemática como Cornellá de Llobregat –ciudad de la que fue alcalde el actual presidente de la Generalitat, José Montilla, nacido y originario de Andalucía- la participación fue de un diez por ciento, un setenta por ciento optaron por el sí pero hubo un significativo voto, del veinte por ciento, que optaron por el no a la independencia. En estos referéndums –no vinculantes- tienen opción de voto los jóvenes de más de dieciséis años así como inmigrantes que no pueden votar en las consultas oficiales. Entre estos dos polos –Arenys de Munt y Cornellá- en ciudades tradicionales como Girona y Vic, o en comarcas como Osona, la Garrotxa y algunas del interior de Tarragona y de Lleida,  el porcentaje de votantes fue de entre un veinte y un cuarenta por ciento, con mayorías absolutas del sí. Con estos datos y calculando que ya han sido convocados a votar casi la mitad de los habitantes de Catalunya, apenas un veinte por ciento de la población acudió a las urnas y considerando que la votación en la capital catalana, Barcelona, esta prevista para la primavera del 2011, la situación no es muy esperanzadora para los planteamientos nacionalistas de los organizadores de las consultas, ya sean plataformas como Dicidim.cat o personas de discutible representatividad popular (ej. el “general” López Tena). Por otro lado aparecen los partidos políticos parlamentarios como la histórica Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) de Joan Puigcercós apoyando –con matices sociales- el sí a la independencia, como Convergencia i Unió (CIU) con su nacionalismo conservador jugando a la política autonomista –representado por Artur Mas- o con la encubierta y clara oposición a la independencia de los otros partidos –con pedigrí españolista- como son Iniciativa per Catalunya-Verds, Partit Popular de Catalunya (PP), o el gobernante Partit Socialista de Catalunya (PSOE), aferrados a un federalismo, cuando no centralismo, español. Y ya en el contexto de las elecciones parlamentarias y presidenciales catalanas del próximo otoño hay que añadir otras  formaciones políticas de marcado carácter mediático: Plataforma per Catalunya, Reagrupament o Democràcia Catalana, esta última impulsada por Joan Laporta, expresidente del Barça. Observar que no deja de ser lamentable la ausencia de un sindicalismo catalán capaz de empujar estas “olas soberanistas”, pues tanto la Unión General de Trabajadores (UGT) como Comisiones Obreras (CCOO), ambas izquierdistas, están dirigidas desde el sindicalismo afincado en Madrid. Aquí es evidente la diferencia con Euskadi, que además de contar con un histórico concierto económico con el estado español y de tener unos partidos nacionalistas fuertes (PNV, EA, Aralar,..) dispone de unos sindicatos (LAB, ELA) muy cercanos a los planteamientos independentistas abertzales. En Catalunya sólo el sindicato agrario –de raíces catalanistas- Unió de Pagesos puede jugar un papel simbólico en el actual proceso independentista. Las patronales catalanas de la industria y el comercio, así como las instituciones financieras (ej. la Caixa) dependen, cada vez más, de las políticas gubernamentales españolas y europeas. Y si bien Catalunya conserva todavía cierto peso económico como región mediterránea –en áreas de innovación tecnológica y médica- su desmesurada apuesta, en los últimos treinta años, por el sector servicios (ej. turismo, diseño,…) provoca que, día a día, vaya perdiendo influencia industrial y productiva en favor de otras zonas de la península ibérica y europeas. A todo ello debe añadirse una compleja realidad social conformada por un alto índice de inmigración procedente de África, Asia y Latinoamérica, la encubierta –hoy descubierta- corrupción de algunos sectores de la burguesía catalana (el caso Palau de la Música), el agotador proceso judicial en relación al nuevo Estatut  -que sustituye al de Sau (1979)- aprobado por el Parlament catalán, las Cortes españolas y refrendado por un referéndum (2006) y la vergonzosa sentencia dictada por el Tribunal Constitucional español (28 junio 2010) recortando las aspiraciones de autogobierno catalán. Si, además, se añade  la llegada al poder de una élite económica y política procedente de fuera de Catalunya –el clan andaluz del cinturón barcelonés-, puede concluirse que las aspiraciones independentistas, hoy por hoy, son muy limitadas y su defensa, cuando mucho, queda en manos de una cuarta parte de la población que vive en Catalunya. La masiva manifestación (un millón de personas) en pro de la nación catalana y de la integridad del Estatut (2006) celebrada en Barcelona el 10 de julio de 2010 convocada bajo el lema “Som una nació, nosaltres decidim” iba encabezada por una gran Senyera (bandera catalana); el acto tuvo un formato un tanto xe’ek  pues se mezclaba la posición oficial-federalista, de pataleta anticonstitucional, con una posición independentista, propiciada por la entidad  Òmnium Cultural y representada por centenares de estelades (banderas independentistas) y por slogans como “Adèu Espanya” (Adiós España). El año 2014, además, se ha convertido ya, para algunos sectores históricamente idealistas, en una fecha mítica para recuperar las libertades y la independencia de Catalunya.

       Estas notas son una reflexión hecha desde un anticentralismo coherente pensando en que las naciones sin estado, los pueblos con cultura y lengua propias, se contemplen, se miren en el espejo, se solidaricen, reconociendo que ninguna persona es como otra persona, que ningún pueblo puede servir de modelo para otro pueblo, aunque de la misma manera que las naciones amerindias –remarco, no los estados latinoamericanos!- contemplan los procesos políticos de los países europeos (Catalunya, Escocia, Irlanda, Euskal Herria,….), estas viejas naciones cargadas de historia seguro que pueden aprender de los llamados “pueblos indígenas”, de ellos pueden admirar el respeto innato –identificación ecológica- hacia las personas y hacia la naturaleza. Desde la Conquista europea del siglo XV las naciones amerindias –diestras en arquitectura, matemáticas, agricultura, astrología, medicina, literatura, religión,…- han luchado por su identidad, periódicamente con revueltas  violentas, muchas veces conscientes del desgaste que significa para el enemigo el silencio absoluto. El panteón de héroes nacionales amerindios es respetable: Hatuey, Guarionex, Cuauhtémoc, Cuitláhuac, Lautaro, Lempira, Atahualpa, Túpac Amaru, Aropoty Yu,…En el caso de los mayas peninsulares las rebeliones frente a los invasores blancos fueron frecuentes, a veces concluyendo en negociaciones que mostraban el poder de los halach uinik, como los casos de Tutul Xiu en Maní o Nachi Cocom en Sotuta. Más contundente fue el levantamiento de Jacinto Uc de los Santos Canek en Cisteil (1761) y la trágica Guerra de Castas (1847) con Jacinto Pat, Manuel Antonio Ay, Bonifacio Novelo o Cecilio Chi,… como protagonistas; este episodio histórico no sólo sirvió para frustrar los proyectos del separatismo yucateco postindependiente sino que los cruzob supieron superar la dimensión socioeconómica  -ruptura con la esclavitud-  del levantamiento para alcanzar pretensiones territoriales y, hasta cierto punto, independentistas. Los pueblos amerindios están siempre seguros de que para alcanzar la independencia personal o colectiva es necesario substraerse de cualquier dependencia individual o estatal; los caminos de la independencia no han de aceptar nunca fronteras –y menos los limites cerrados de un estadio o de un claustro-, los caminos de la independencia deben transitar siempre por los espacios abiertos de la libertad.

       Es en este contexto que el 22 de mayo de 2010 se emitió la Declaración de México-Tenochtitlán, que retomaba los acuerdos de la IV Cumbre Continental de los Pueblos Indígenas de Abya-Yala (Puno,Perú) así como la Declaración de los Derechos de la Madre Tierra (Cochabamba, Bolivia). El documento empieza con el siguiente planteamiento: “Bajo la idea de que a un estado corresponde una nación, los pueblos y naciones de Abya Yala hemos estado excluidos de los proyectos económicos, sociales, políticos y culturales que se han ido forjando en nuestros territorios, pero mantenemos en la resistencia nuestras culturas, lenguas y valores. Hoy, el modelo neoliberal, nos mantiene en una situación de exclusión, de explotación económica, de imposición de un modelo educativo que nos disminuye y discrimina, de una dominación cultural, social y política en todos los ámbitos de nuestra vida y bajo una práctica de saqueo y despojo de nuestros recursos naturales, de migración por causa de la pobreza y de falta de trabajo, y de una falta de reconocimiento pleno de nuestros derechos; por ello, los hombres y mujeres de las naciones y pueblos indígenas somos extranjeros en nuestras propias tierras.” Y sigue la Declaración: “Los pueblos indígenas de América y el Caribe, hemos venido luchando por el reconocimiento de nuestros derechos políticos y humanos colectivos, identidad, cosmovisión, autodeterminación, tierra, territorios así como la administración de nuestros recursos; esta lucha ha permitido avanzar en el reconocimiento de un marco jurídico internacional sobre derechos indígenas, siendo uno de los logros más recientes, la Declaración sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU”. Luego de proponer “la construcción de nuevos proyectos de Estado-Nación”, el impulso de “los procesos de la libre determinación en el marco de las autonomías” y de “participar en la Cumbre Mundial del cambio climático” (México), los pueblos y naciones amerindios se pronunciaron por “el rechazo a la existencia de toda frontera en los estados-nación de Abya-Yala, porque nuestro territorio no tiene limites”, por el rechazo a la injerencia de partidos políticos, religiones e instituciones oficiales y privadas que han creado divisionismo y confrontación entre las comunidades y naciones indígenas” o por “el rechazo a los festejos del Centenario y Bicentenario al que se le han destinado presupuestos millonarios, ya que los pueblos indígenas y afrodescendientes no tenemos nada que celebrar”. Se apunta también en el documento que “los jóvenes indígenas ratificamos nuestra responsabilidad de mantener en alto la bandera de la resistencia indígena continental” y se concluye con los lemas “¡Por la unidad y autonomía de los pueblos de Abya-Yala! y ¡Vivan los pueblos de Abya Yala”.

       Algunas de las problemáticas citadas son fácilmente observables hojeando el programa del 8º Congreso Internacional de Mayistas (México, agosto 2010) donde la presencia de intelectuales y profesionales mayas es poco significativa dando, como siempre, prioridad a los estudios del pasado maya (arqueología, historia, glífica,….) y relegando, en lo posible del ámbito académico temas candentes como la lengua, la territorialidad  y la política mayas, a pesar de la convocatoria del congreso: “Una historia milenaria: la lucha de los mayas por su permanencia”. Mencionar la conferencia inaugural de Jan de Vos “La fascinación mayista: luces y sombras de una mirada ajena” o el simposio “Resistencia étnica y creación poética mayas” coordinado por Ana Patricia Martínez Huchim, directora de la revista K’aaylay, con la participación entre otros de Mª Elisa Chavarrea Chim o de Feliciano Sánchez Chan. También resultan interesantes los simposios  “Exclusión del pueblo maya de los festejos del bicentenario y centenario”, propuesto por Natividad Gutiérrez Chong o “La lucha contemporánea de los mayas y la concepción de interculturalidad”, que incluye la participación de Wildernain Villegas Carrillo. Y es que es necesario que los anquilosados y repetitivos estudios sobre la cultura maya –amparados en la especialización- den paso a las investigaciones sobre las problemáticas presentes (territorio, lengua, autogobierno) y, además, estos congresos deberían adquirir compromisos decididos en la defensa de los mayas actuales. Y ¿a qué compromisos me refiero? En la actualidad, tenemos un ejemplo fácil: el 30 junio de 2010 las autoridades municipales de Mérida inauguraron un monumento a los conquistadores Francisco de Montejo (padre e hijo) que erguidos en un pedestal presiden el paseo que ya lleva su nombre….; prueba pétrea de unos adelantados bélicos de ayer que reflejan en sus bronces a los retrasados coloniales de hoy. Es ante estas afrentas neocoloniales, en este caso de algunos panistas yucatecos de costra colonial, que los participantes a un congreso de mayistas como el que se celebra en la ciudad de México deberían suscribir una declaración solicitando la demolición del vergonzoso monumento o bien el encierro –entierro- de las decrépitas figuras de los Montejo en cualquier vitrina de un museo histórico de la infamia; tampoco estaría de más convocar, frente a estos conquistadores, una masiva manifestación –a nivel peninsular- por la identidad y la autonomía mayas el próximo 12 de octubre… Afortunadamente ya se han dado en Yucatán las primeras protestas y actos de desagravio -ante estas “esculturas para honrar a los conquistadores”- de organizaciones como Kuxa’ano’on, U mulay “Felipa Poot Tzuc”,… Los portavoces de estos grupos instaron a los “académicos e intelectuales a fijar también su posición al respecto, pues de quedar callados únicamente se contribuye a validar el acto”; el asunto del monumento a los Montejo seguro que inspirará algún texto irónico por parte de las imaginativas mentes de ilustres escritores yucatecos como Joaquín Bestard y Roldán Peniche. Recientemente Edgar Rodríguez Cimé, expresó: “…el Hache Ayuntamiento de la Mérida Blanca pone su volquete de arena en los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, aunque en estas lajas no se haya participado en ellos. No importa, se toman de pretexto para honrar, una vez más, a los ‘hombres blancos y barbados’ que vinieron a tomar, a sangre y fuego, el antiguo poblado maya de Ichkaansihó, hoy conocido como Mérida”. Recordemos que con la Independencia (1810) los criollos no dudan en acudir a un pasado que no les pertenece: las antiguas culturas americanas, en especial, la azteca. Se llaman “mexicanos” y esgrimen con orgullo los valores de las civilizaciones históricas de los territorios en que ellos viven, pero ignoran y pretenden destruir la presencia viva de los pueblos amerindios que los rodean y a los que someten, en teoría, a la legislación general ya no con la categoría de “indios” sino de “mexicanos”; es decir se enaltecen sus raíces “prehispánicas” pero sólo para establecer el nacionalismo mexicano. La Revolución Mexicana (1910) no reconoce el valor cultural de las lenguas amerindias y se sigue pensando que es necesaria la uniformidad lingüística (enseñanza en castellano) para sustentar la unidad nacional.  Evocando el grito “Tierra y Libertad”, en uno de sus manifiestos en náhuatl de 1918, Emiliano Zapata solicita “To huaxca yes in tlalticpactli tehuaxca oyeya to colhuantzitzihua, ihuan matexoxopilme tech quixtilique” (la conquista de la tierra que fue de nuestros antepasados y que manos rapaces nos arrebataron). La política educacional de castellanización se mantuvo en México durante todo el siglo XX, pero en los últimos dos decenios (1990-2010) la recuperación social de algunas lenguas y la revalorización de sus literaturas (náhuatl, maya, ñahñu, purépecha, zapoteca,…) contribuyen a pensar en la revitalización de algunas pocas culturas amerindias si logran avanzar en los espacios de la justicia, la economía y el autogobierno.

       Si bien las relaciones mexicano-catalanas han sido permanentes desde la Conquista y la Colonia hasta nuestros días, por lo que hace a los tiempos de la Independencia y de la Revolución mexicanas citamos sólo unas referencias que, sin duda, ameritarían estudios pormenorizados. Entre los textos básicos, el Diccionario de Insurgentes (1969) del exiliado catalán Josep Mª Miquel i Vergés,  Bibliografía yucateca (1937) y Viajeros mexicanos de los siglos XIX y XX (1939), del también catalán Felipe Teixidor,  Catalans d’Amèrica per la independencia (1986) de Víctor Castells, Los extranjeros en México y los mexicanos en el extranjero (1821-1970) (1993) de Moisés González Navarro o  La rueda del tiempo (1994) de Héctor Perea. Entre los personajes catalanes podemos citar a fray Benet Mª de Moixó i de Francolí, autor de unas Cartas Mejicanas (1805), al militar Juan Prim Prats cuya intervención política a mediados del siglo XIX es conocida como “la cuestión de México” o al compositor Jaume Nunó Roca, autor de la música del himno nacional (1854). Y entre los mexicanos baste recordar que el maestro y político Ignacio M. Altamirano fue cónsul en Barcelona a finales del siglo XIX, que Manuel Payno escribió, en 1889, Barcelona y México en 1888, que Justo Sierra Méndez viajó a Catalunya en 1902 y registró unas “Notas catalanas”, que Victoriano Huerta vivió un exilio fastuoso en un chalet cerca del Tibidabo (Barcelona) o que el muralista Diego Rivera se alojó, el año 1911, en el monasterio de Montserrat.

       Desde la antropología se reconoce que las naciones amerindias sometidas –desde hace más de quinientos años- por los virreyes y por los inquisidores, también por los estados latinoamericanos, son depositarias de unos claros pensamientos y de unos decididos proyectos decoloniales que les han permitido, relegando el mito patriótico del mestizaje, entrar definitivamente en una irreversible etapa histórica y social de postoccidentalidad. Es en este contexto –indígena si se quiere- que Catalunya debe entender que, en el siglo XXI, solamente puede ser independiente si no es dependiente, si decide  hacer tabla rasa con todos los colonialismos, los externos y los internos, ¡que de todos hay!- y que insistentemente vienen erosionando –los primeros con sorna, los segundos con vergüenza- cualquier aspiración de identidad, tanto para los buenos catalanes –qué también los hay!- como por la tozuda nación catalana. Los pueblos amerindios también han demostrado a lo largo de esa historia trágica, que se inició con la Conquista, el amor por sus culturas y sus lenguas, un amor que  hoy debe protegerse con la recuperación del poder político pero principalmente con la defensa del bien más preciado que es el territorio, un territorio vivo que es tierra y nación, el Abya-Yala de todos, ya sea la madre tierra Pachamama de las cumbres frías de los Andes o ya sea la patria tierra  Lu’umil  de los cerros y cenotes  soleados del Mayab.

 

Francesc  Ligorred
Manlleu, Catalunya, julio 2010

 

Francesc Ligorred Perramon, lingüista por la ENAH de México (1979-1985), ha sido investigador en la UADY (1993-1999). Entre sus libros: Consideraciones sobre la literatura oral de los mayas modernos (1990), Paraules de les llengües d’Amèrica (1991), Lenguas indígenas de México y Centroamérica (1992), U mayathanoob ti dzib / Las voces de la escritura (1997), Presencia catalana en la península de Yucatán (1998) o Mayas y Coloniales (2001). Permanece inédita su obra “Los mayas tienen la palabra” (2009)
Artículo publicado en el suplemento Unicornio, Por Esto!, el domingo 25 de julio de 2010. Algunas referencias provienen de los dos artículos “Independències: d’ Orinoca a Arenys de Munt”, semanario El Triangle, núms. 956  (febrero) y 962 (marzo), Barcelona, 2010.

 




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