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   Tiempo de k'aaylay
(La experiencia de una tradición)

 

Tenemos derecho de tomar lo que es nuestro
en esta tierra de nuestros antepasados
y el pueblo de los que nos siguen.....

Teniente Máximo Huchin (1847)

Jalt u bejil jal bej. Foto: Beatriz Jofre Garfias.La tradición literaria maya se registra en el mismo origen de la escritura jeroglífica representada en las estelas, en la cerámica y en los códices, pero esta tradición remonta su inspiración en las voces, en la oralidad de los rezos, de las representaciones escénicas, de los mitos, de las leyendas, de los cuentos y de las canciones. Y cuando, en el siglo XVI, los signos jeroglíficos finalmente cedieron ante la imposición del alfabeto latino, los maya-yucatecos no dudaron –a lo largo de la etapa colonial- en escribir con las nuevas letras su historia y sus tradiciones, en obras tan significativas –amparadas en el fundacional Popol Vuh- como El Ritual de los Bacabes, los Cantares de Dzitbalché o los libros de Chilam Balam, además de un amplio bagaje de artes y de vocabularios. La documentación epistolar en lengua maya durante la Guerra de Castas, ya en el siglo XIX, viene a ser otra experiencia literaria original que da paso –desde entonces y durante todo el siglo XX- al registro, por parte de viajeros o estudiosos de abundantes textos provenientes, una vez más, de la rica tradición oral, una tradición oral que caracterizará publicaciones como Yikal Maya Than (1939-1955) o la posterior formación de grupos culturales (Génali, Yaajal K’in, Máakan Xook, Maya Lu’um,...) en varias poblaciones de la península (Calkiní, Carrillo Puertlo, Valladolid,....) dando lugar a revistas (Cal K’in, K’in Lakám, Xok K’in, Wech, T’anic, Xunáan Kaab,...)  y a colecciones (Maya Dziibo’ob Bejla’e’...). Existe pues un creativo grupo de estudiosos de la lengua maya, de poetas, de narradores y de cantautores mayas que en los últimos veinte años han podido editar regularmente sus textos; ahí están, entre otros, los nombres de Domingo Dzul Poot, Eleuterio Poot Yah, Gerardo Can Pat,  Jorge M. Cocom Pech, Romualdo Méndez Huchim, Abimael Chuk, Waldemar Noh Tzec, Pedro Iuit, Gregorio -Goyo- Vázquez Canché, Mario B. Collí Collí,  Mario E. Tullu Puch, Martiniano Pérez Angúlo, María Luisa Góngora Pacheco, Miguel A. May May, Santiago Arellano Tuz, Crisanto Kumul Chan, Gertrudis Puch Yah, Briceida Cuevas Cob, Margarita Kú Xool, Vicente Canché Moo, Santiago Dominguez Aké, Feliciano Sanchez Chan, Jorge Echeverria Lope o José Tec Tun. Tampoco debe olvidarse aquí la aportación de eminentes investigadores, promotores, escritores o editores peninsulares como Santiago Pacheco Cruz, Ermilo Abreu Gómez, Antonio Mediz Bolio, Manuel Rejón García, Luis Rosado Vega, Román Piña Chan, Alfredo Barrera Vásquez, Alfonso Villa Rojas, William Brito Sansores, José Tec Poot, Hilaria Máas Collí, Ramón Arzápalo Marín, Raul Maldonado Coello, Juan Ramon Bastarrechea Manzano, Miguel Güémez Pineda, José Duran Caballero, Jaime Garduño Argueta, Ramón Iván Suárez Caamal, Pedro Pablo Chuc, Bartolomé Alonzo Caamal, Fidencio Briceño Chel, Santiago Canto Sosa, Roldán Peniche Barrera o Joaquin Bestard Vásquez. En la actualidad la cultura maya es reconocida internacionalmente por su esplendoroso pasado, ya sea por las investigaciones históricas, filológicas y arqueológicas difundidas en congresos o por la propaganda turística que ensalza las maravillas de las antiguas ciudades (Chichén Itzá, Uxmal, Calakmul, Tikal,,...), pero –no nos engañemos- sigue siendo la labor que los propios mayas hacen a través, por ejemplo, de los grupos musicales (Tumben Kay, U K’ayil Kan, Kool Naal,...), de las academias de la lengua maya y de la revitalización de su tradición literaria, que el pueblo maya ha superado y supera todo tipo de colonialismos culturales, políticos, económicos y sociales. Noticias recientes de esta revitalización serian la convocatoria, en 2007,  del Premio Nacional de Literatura en Lengua Maya Peninsular “Waldemar Noh Tzec”, en Calkiní (Campeche) o del Primer Encuentro de Mujeres Mayas, en Hondzonot, (Quintana Roo).  Lo cierto es que el futuro de la cultura maya no depende ni de la acumulación de estudios académicos en los archivos ni de la admiración por los descubrimientos arqueológicos; el futuro de la cultura maya depende mucho más, sin duda, de que se siga generando una literatura original y de que se siga hablando la lengua maya en la familia, en los centros de trabajo, en la calle, en los pueblos, en las ciudades y en la intimidad.... y es que ni el descubrimiento de un tesoro del pasado maya puede emular la existencia viva de un solo hablante de lengua maya, porque la propia historia cede ante los sueños, los pensamientos, la poesía, las palabras, las voces de los hombres y de las mujeres mayas que hoy, como ayer, siguen viviendo en el Mayab.

Es en este contexto de fortaleza lingüística y de tradición literaria milenarias que la cultura maya persiste siglo tras siglo, día tras dia, en la revitalización de su lengua y en la creatividad de su literatura. Y es también en este contexto que Patricia Martínez Huchim consigue editar, en Tizimín, la revista K’aaylay, el canto a la memoria, pero también un canto al futuro del pueblo del maya. Que una revista de cultura maya se encuentre en su segundo año de existencia, con cerca de treinta números publicados, publicados cada veinte días –siguiendo el calendario maya-, merece el respeto y la felicitación de todas aquellas personas que siempre hemos creido que la cultura maya está viva y que se revitaliza día a día porque surge de un pueblo maya comprometido –que no sumido- con su pasado y esperanzado –que no resignado- con su futuro. Los mayas que hace mil años contribuyeron eficazmente a modernizar el mundo con importantes aportaciones humanísticas –religión, calendario, escritura,...- y científicas –agricultura, astronomía, matemáticas,...- no tienen hoy reparo en aprovechar los nuevos avances tecnológicos para modernizar su nación y su cultura. Y con esas bases seguras, que son la fuerte tradición cultural maya y la adaptación de los mayas a la modernidad, Patricia Martínez Huchim consigue, a través del conocimiento que tiene de la lengua maya y de la admiración que siente por su literatura –oral y escrita-, construir una revista que aún, como hemos señalado, definiéndose como el canto de la memoria se convierte enseguida en un grito de resistencia de todos aquellos que hablan la lengua maya y que recrean y crean, con esa misma lengua, leyendas, canciones, cuentos o poesia.

K’aaylay apareció el 4 Ahau del año 5119 (26 de julio del 2006), una fecha significativa para los mayas modernos pues en estos días se commemoran diferentes acontecimientos del inicio de la Guerra de Castas, como el fusilamiento de don Manuel Antonio Ay Tec en Chichimilá, una guerra que hace 160 marcó una nueva etapa en el resurgimiento social y cultural de los mayas peninsulares luego de tres siglos de desastrosa colonización española, un desastre colonial que siguió y sigue prolongándose con los gobiernos republicanos mexicanos con limitados paréntesis de esperanza, como fue el caso del gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto (1922-24) o las proclamas reivindicativas como la Jalachthanil Sakih, 1994, del grupo Mayáon, a raíz de los movimientos indígenas –que no indigenistas- surguidos en rechazo a las commoraciones de los actos oficiales del quinto centenario del llamado descubrimiento de América (1992). Y es precisamente alrededor de esta fecha que empezaron los movimientos politicos y sociales de los pueblos amerindios, principalmente de los aymaras, mapuches, quechuas, cunas, zapotecos, náhuatls, inuits o mayas; Rigoberta Menchú en Guatemala o Evo Morales en Bolivia ejemplifican muy bien ese resurgimiento. Los llamados indios o indígenas americanos retomaron los nombres de sus naciones, los nombres de sus hombres y de sus mujeres, retomaron los nombres de sus lenguas y con sus lenguas retomaron la lucha por su pervivencia, una pervivencia que finalmente los libere de centenarias colonizaciones estatales que finalmente sucumben, ellas mismas, bajo el manto de su pregonada y no tan lejana globalización.  La Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, del 7 de setiembre del 2007,  recoge parte de las viejas aspiraciones históricas lamentablemente, hasta hoy, demoradas.

En nota editorial del primer tomo, editado en julio del 2007, se anuncia el andar firme y seguro de la revista K’aaylay durante un año, de 18 meses de veinte días. Durante ese tiempo “enseñamos el habla, pensamiento y quehacer tenaz para la continuidad de la lengua maya”. Y leemos a modo de conclusión en la pàgina 216: “El primer tomo de la revista de cultura maya K’aaylay, El canto de la memoria, contiene primordialmente una muestra de textos etnoliterarios del pueblo maya contemporáneo.
Voces y letras, dibujos y fotografías brindan un ejemplo del acontecer cotidiano maya de la península de Yucatán.
El contenido del K’aaylay es lo conversado y escrito en casa, con la familia: es lo hecho por gusto y no por encargo: lo realizado sin prisas ni urgencias burocráticas; y, ha sido efectuado con mucho esmero y dedicación.
El K’aaylay es un canto que viene del corazón y emerge por el cuerpo en acciones por lo nuestro, mientras recorremos nuestro sakbej o camino de la vida”.

Jmeen (sacerdote maya). Foto: Jorge Alam AguilarSi vemos el Sumario General del primer tomo nos daremos cuenta de que el contenido viene conformado principalmente por los U tsikbalil, un conjunto de relatos, de cuentos arraigados en la tradición oral de carácter regional. También se publican varias Ik’t’anil (poesías), K’aay (canciones) y Na’ato’ob (adivinanzas). Si estos géneros conformarían el contenido etnoliterario de la revista, también encontramos algunos, llamemosles, capítulos dedicados a Ko’oten tsikbal (curso de lectoescritura en maya t’aan), en donde se presenta el alfabeto, algunos procesos lingüísticos y secciones de preguntas y respuestas. Si bien el formato de la revista por lo que hace al número de páginas resulta en ocasiones desigual –hay números breves y otros densos- las portadas son  atractivas, pues las ilustraciones son, en ocasiones,  sumamente delicadas (los tapires, el alux,...), al igual que aquellas fotografías que recogen escenas tradicionales de oficios y festividades tradicionales. En ocasiones se han fotografiado antiguas figuras como en el caso de la compañera del alux o la fotografía que sirvió de ilustración a la portada del primer tomo y en la cual una mujer maya –el termino mestizo-a, resulta aquí antropológicamente chocante-, una mujer maya pues que camina, cargando el bulto de su compra o su venta, por la orilla de un camino, una imagen, la Jáalt u bejil jáal bej,  caminar a un lado del camino, que da lugar a un posición social en la cual caben diversas interpretaciones: marginación o respeto, origen o horizonte, humildad o humillación, seguridad o peligro, avance o pausa, ir o venir, pasado o futuro,....

Me gustaria analizar, con mera observación antropológica, algunos textos de K’aaylay, una observación ceñida a los aspectos etnoliterarios más que a los rasgos estilísticos o lingüísticos. Y quiero empezar con algunos textos de Patricia Martinez Huchim, el primero es el relato U xaayak’ máasewal (El xaayak’ del indio – La ampolla de boca del indio); a partir de un largo juego de difrasismos o paralelismos semánticos –expresados en 34 frases- entre un abuelo (Nool) y un nieto (Áabil). A la forma Xaakal u chi’ máasewal.... (Con la boca ampollada el indio....), abuelo y nieto le añaden verbos como hablar, preguntar, responder, gritar, conversar, cantar, insultar,... pero también beber, comer, besar o fumar. El abuelo concluye: “con la boca ampollada, ardiéndole, adolorida, aún tapándosela, el indio está hablando y su xaayak’ ampolla al no indio donde el dolor no se aguanta. Hijo, oye bien estas palabras y no las olvides: ‘El xaayak’ del indio es el privilegio de que los viejos y los jóvenes podamos conversar en la lengua de nuestros antepasados’”. Recordemos que xayak’udo, es el apodo que usan los coloniales de turno hacia aquellos que hablan y tienen apellido maya. En otros números de la revista se reproducen poemas mayas que Patricia Martínez Huchim leyó en el Festival Internacional de Poesía, celebrado en La Habana (junio 2007) o el cuento U yóol xkambal jaw xíiw (Contrayerba) que forma parte de un libro suyo dedicado a la vida de las mujeres mayas. También merecen atención las creaciones poéticas de Mª Elisa Chavarrea Chim, como la que lleva por título Óotsil máasewal wíinik (Pobre del indígena) y de la que reproducimos los siguientes versos marcadamente reivindicativos: k’a’abéet u líik’sik u juum u t’aan (es necesario que levante la voz), ts’o’ok u yáax k’e’exel u tunkul (una vez le cambiaron el pensamiento) o ¿Ba’ax k’iin u k’uchul u k’iinil? (¿Cuándo llegarà el día?). En otro poema, U muk’yaj in kaajal (El gemido de mi pueblo), la autora, Eli, apunta en la misma dirección: ¿Tu’ux yaan jkalan lu’umo’ob? (¿Dónde están los cuidadores de la tierra?), K’áax, lu’um, ja’ / táan u bin u ch’éejel (Montes, tierra y agua se acaban,....) Ch’a’ cháak ¿tu’ux yaanech? E’esaba. (Ch’a Cháak ¿Dónde estás? ¡Muéstrate!).

La influencia creativa de la oralidad se pone de manifiesto en Jts’on K’eej, de Alfonso Bej Yam, donde se relata la lección de los nukuch  máako’ob (guardianes del monte) al tirador de venados y que me lleva a recordar el texto oral H-dzon ceh (El cazador de venado) que registre en Ticul el año 1983 contado por Juan G. Dzib (Uxul).  Muy arraigado también en la tradición literaria maya-yucateca es la breve leyenda U najilo’ob jp’uuso’ob (La casa de los P’uses) de Maria Modesta Noh Noh y del que reproduzco la versión en castellano: “Hace tiempo no había claridad. Sólo reinaba la oscuridad. El día en que aclaró murieron los P’uses. Amaneció de manera tan imprevista que a los P’uses no les alcanzó el tiempo para derrumbar todas sus casas: esas grandes construcciones que hoy admiramos”. Precisamente este texto, junto con otros que se reproducen en K’aaylay, son fruto  del taller literario que Briceida Cuevas Cob impartió en la Popolnaj Maximo Huchin, A.C.; otros talleres organizados fueron el de pintura y dibujo y el de epigrafía maya. Un relato tradicional en el que se combinan visiones históricas y legendarias regionales es La Feria de Tizimin, de William Casanova Jiménez. Aquí se cuenta como en Tizimín se adoraban antiguamente los tres Chac (Oriente, Centro y Norte)  y como, durante el proceso colonial, estos chaques pasaron a convertirse en los Tres Reyes Magos, unos Santos cuyas esculturas llegaron procedentes de Barcelona el año 1750.  La revista también explica que Tizimín  significa región o pueblo del tapir y que el nombre surge, según Marcelo Pech Ay, de la pregunta ¿Ti’ ba’ax tsa’ayij? (¿A qué le dio –el rayo-?) y de la respuesta: Ti’ Tzíimin (Al caballo).

Otras secciones de la revista hacen referencia, ya lo hemos dicho, a cuestiones lingüísticas (Ko’oten tsikbal - Ven a conversar), a las cartas del teniente y escriba maya Máximo Huchin, datadas en el pueblo de Ekpedz (1847), o a la apertura en Valladolid de la Universidad del Oriente (UNO), centro  dedicado a la educación intercultural para los descendientes de los Wi’it’ wíiniko’ob (hombres del taparrabo), aquellos mayas que se levantaron durante la Guerra de Castas. También se reproduce la Declaración de Kajal Pech (6 Kawoq) leída el 9 de agosto de 2007, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, durante el VII Encuentro Lingüístico y Cultural del Pueblo Maya celebrado en Belize. Recordar  la colaboración en K’aaylay de colegas que de una forma u otra muestran un interés que va más allá de lo académico en relación a la cultura maya o bien mantienen amistad con la entusiasta antropóloga Patricia Martínez Huchim, directora de la revista y coordinadora general de la Casa de Cultura Maya Popolnaj Máximo Huchin, A.C. (Tizimín). Me refiero a personas como Desiderio Lázaro Dzul Polanco, Cristina Leirana Alcocer, Teresa Ramayo Lanz, Svetlana Larrocha, Beatriz Jofre Garfias, Jorge Alam Aguilar, Genaro Aban May, Ismael May May, Joel Góngora Torres o Zofia Beszczynska. Añadir que el primer tomo de K’aaylay (Colección Kuxa’an Suum – Soga viviente) está dedicado a la memoria de don Eleuterio Poot Yah

Lo cierto es que la experiencia de K’aaylay se convierte, ello debe enorgullecer a Patricia Martínez Huchim y a sus colaboradores, en un tramo seguro de ese sacbé que los mayas vienen construyendo siglo tras siglo desde tiempos remotos, un sacbé que resiste a pesar de recibir fuerte ráfagas de vientos y de lluvias, de estar expuesto a los rayos solares y a la oscuridad de las noches, un sacbé también expoliado una y mil veces por los incansables asaltantes coloniales de caminos, pero  un sacbé que, a pesar de todo, se construye y se reconstruye continuamente. Los mayas saben que los sacbés son seguros, son caminos altos, largos y que unen a las personas y a los pueblos, saben que los sacbés son blancos, tan blancos como las páginas virtuales o impresas de una revista, por eso los sacbés sirven para que caminen los hombres y las páginas sirven para que hablen las palabras.  K’aaylay como un tramo más del sacbé de la cultura maya debe merecer el respeto de todos los mayas y de todos aquellos que admiran a este pueblo; sin duda Patricia Martínez Huchim –desde el calor de Tizimín o desde el frío de Bar Harbor- y todas aquellas personas que colaboran en esta grata labor no cesarán en su empeño de sacar mes maya tras mes maya esta revista que inventaron sus antepasados y que ellos nos ofrecen decentemente editada. En sus páginas deben hablar los contadores de cuentos y los cantores de versos, sus páginas deben llenarse siempre de creaciones literarias anónimas y firmadas, ese es sin duda el principal objetivo de K’aaylay. La revista –son sugerencias de lector apasionado- podría completarse con entrevistas a profesionales mayas, profesionales que pueden ser médicos, abogados, antropólogos, políticos, hmenes, albarraderos, periodistas, campesinos, deportistas, maestros, comerciantes,....; entrevistas en las que se les preguntaría por su pueblo y por su cultura, por sus compromisos como mayas, haciendo hincapié en el presente y en el futuro de su pueblo. Quizás debería limitarse el bilingüismo maya-castellano a los contenidos informativos, no creativos, de la revista, usando en exclusiva la lengua maya para los textos literarios en prosa y en verso; no olvidemos que, en el caso del maya-yucateco, el bilinguismo tiende aceleradamente a ser sustitutorio con la imposición del castellano y que el hablante de maya debe ser el principal lector de K’aaylay.

El sacbé de K’aaylay continua en pie –ya se construye el segundo tomo- y ni siquiera un  Chak Iik’al (recordemos que la palabra huracán tiene procedencia quiché) como el último Dean puede destruir o desordenar al pueblo maya. Cuando expresé a Patricia Martínez Huchim mi preocupación por el Ciclón Dean (21 agosto 2007), me escribió: “El 9 de agosto, en la ceremonia del fuego sagrado, los guías espirituales vieron una señal mala en el fuego, uno de ellos lloraba y se dolía. Tardó mucho en consumirse el fuego, hasta que finalmente nos invitaron a tomar del humo una vez que se había  conjurado lo negativo... Seguro que Dean no nos tumbará...”. Especialmente importante resulta, luego de casi treinta números, el enunciado de la revista que dice “No dejaremos de dar a conocer y enseñar la lengua maya”, enunciado que puede legitimar todavía más su importancia si desde K’aaylay se logra una buena difusión de la revista a nivel peninsular para animar la colaboración y el compromiso de tantos mayas que desde Calkiní a Carrillo Puerto, desde Valladolid a Bacalar, desde Ticul a Celestún, desde Mérida, Campeche y Chetumal.... seguro agradecen y seguro pueden engrandecer las palabras de K’aaylay, que son voces de y desde Tizimin.  El canto de la memoria no es un canto al pasado, es un canto a no olvidar lo que los mayas fueron a partir de lo que los mayas son, para asegurar que mañana los mayas de ayer y los mayas de hoy seguirán siendo –con la ayuda de los Ah Kuch Hab (Cargadores de los Años)- lo que fueron y lo que serán si nunca dejan de construir este sacbé de piedras blancas y palabras sabias: Mayas.

Manlleu, Catalunya (Diciembre, 2007)

Francesc Ligorred Perramon es lingüista por la ENAH  (México, DF) y ha realizado trabajos  de etnoliteratura maya en la península de Yucatán en los  periodos 1979-1985  y  1993-1999, publicando, entre otros,  libros como Consideraciones sobre la literatura oral de los mayas modernos (1990), Lenguas indígenas de México y Centroamérica (1992), U Mayathanoob ti Dzib / Las voces de la escritura (1997) Presencia catalana en la península de Yucatán (1998) o Mayas y Coloniales (2001). Ha dictado cursos y conferencias en universidades mexicanas y europeas y es autor de una treintena de artículos sobre el tema en revistas especializadas de antropología y de filología. En la actualidad está recuperándose de una grave enfermedad (2006-2007) y trabajando en la investigación “Los Mayas tienen la Palabra”.Regresar




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