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La vida y la muerte reflejadas en los muros de E'k Balam


 

 

Fig. 1 Croquis de Ek Balam.
Fig. 1 Croquis de Ek Balam.

Los antiguos pobladores de Ek’Balam plasmaron en los muros de piedra de la milenaria ciudad su visión acerca de la vida y la muerte. La rica ornamentación de piedra y de estuco, por un lado, recrea imágenes estilizadas del sol, retrata personajes humanos, animales y plantas pletóricos de vida; por otro lado, abundan las esculturas de calaveras, los recintos enteramente pintados de negro, fachadas con una espectacular alegoría del inframundo, en lo que parece una necesidad de simbolizar su firme creencia en otra vida, más allá de la muerte.

            En su afán por trascender al más allá y de negarse a morir, el hombre en todas las épocas y culturas ha creado diversos lugares a donde iría después de la muerte del cuerpo, para iniciar otra existencia, esta vez eterna; ello explica la creencia maya –en tiempos prehispánicos– acerca del inframundo y la enorme importancia que le dieron a los ritos funerarios, a la forma de enterrar a sus muertos y la razón de que acostumbraran colocar diversos objetos, alimentos, animales –incluso personas–  en la sepultura, ya que acompañarían y servirían al difunto en su nueva vida.

            En Ek’Balam recuperamos numerosas esculturas de piedra en forma de calaveras y también de cabezas humanas, que decoraban los cuartos del tercer nivel de La Acrópolis; ambas esculturas fueron colocadas juntas, haciendo alusión a la vida y la muerte.

Foto 1. Esculturas de piedra, que originalmente estuvieron recubiertas de estuco y pintadas. Estas decoran la parte superior de las fachadas, en algunos de los cuartos de La Acrópolis. (Foto de Leticia Vargas, 2000).
Foto 1. Esculturas de piedra, que originalmente estuvieron recubiertas de estuco y pintadas. Estas decoran la parte superior de las fachadas, en algunos de los cuartos de La Acrópolis. (Foto de Leticia Vargas, 2000).

El sol, símbolo de vida, fue representado constantemente en la decoración de Ek’Balam en varias formas estilizadas, algunas veces con rasgos antropomorfos (foto 2); encontramos también imágenes humanas, de personajes reales, que durante su vida tuvieron papeles sobresalientes en la sociedad de Ek’Balam y fueron inmortalizados en los muros de las construcciones. Igualmente vemos motivos animales y vegetales, que ornamentaban las banquetas, zócalos y fachadas de los numerosos cuartos que conforman La Acrópolis. Esa mezcla de seres vivos y elementos simbólicos de muerte no es extraña, pues en el pensamiento maya, vida y muerte armonizan siempre.

También podemos ver la eterna dualidad vida-muerte en la Estela 1, pues en ella fueron bellamente tallados en bajorrelieve dos personajes, uno de los cuales para ese entonces ya había muerto –el rey Ukit Kan Le’k Tok’- y otro vivo –quien fue su sucesor- y conmemoró su ascenso al trono erigiendo ese monumento de piedra, y colocando a su antepasado en la parte superior, divinizándolo de este manera.

            En enero de 2000, en La Acrópolis de Ek’Balam encontramos la tumba del ese rey –Ukit Kan Le’k Tok’– oculta durante siglos; la cámara funeraria fue construida en el interior de un hermoso mausoleo, cuya fachada representa al monstruo de la tierra, con sus enormes fauces abiertas y rodeadas de grandes colmillos que demarcan la entrada el inframundo.

            Este recinto tuvo como finalidad resguardar los restos mortales del rey, para que desde ahí partiera hacia su otra vida, razón por lo que colocaron en una de las piedras de la bóveda una pintura que lo personifica como el dios del maíz, simbolizando su renacimiento.

            Junto con el cuerpo del rey fue colocada una rica ofrenda, con numerosos objetos, entre los que había 21 vasijas; algunas de ellas seguramente contenían alimentos y bebidas, ya que esa era su función; como un pequeño vaso en el que los glifos finamente grabados indican que es el “vaso de beber cacao de Ukit Kan L’ek Tok’”.

            Rodeaban al rey sus símbolos de poder, como un tocado del que formaba parte una cornamenta de venado, un gran perforador de hueso delicadamente tallado con una inscripción, un pendiente de concha en forma de pez, unos cuchillos ceremoniales y muchos otros objetos lujosos hechos de jade, pedernal, concha, hueso y pirita.

            Entre estas joyas destacan varios colgantes en forma de calaveras, hechas de concha o caracol –algunas de ellas nacaradas- cuya belleza y perfección de tallado llaman la atención, por la fidelidad con la que fueron representadas las formas y características de los cráneos –incluso detallando las suturas- y además tienen la peculiaridad de que las mandíbulas inferiores son movibles (foto 3).

Foto 3. Pendiente de concha en forma de Calavera. Esta pieza formaba parte de la ofrenda hallada en la tumba de Ukit Kan Le't Tok. (Foto de MarianaDominguez, 2000).
Foto 3. Pendiente de concha en forma de Calavera. Esta pieza formaba parte de la ofrenda hallada en la tumba de Ukit Kan Le't Tok. (Foto de Mariana Dominguez, 2000).

            Estas piezas constituyen una de las mejores muestras de la originalidad y la destreza en el trabajo que poseían los artesanos y nos señala la importancia de Ek’Balam, que tuvo que contar con un alto poder adquisitivo para obtener estos valiosos objetos por comercio o por contar con artesanos de tan alta calidad, como para realizar estas espléndidas obras.

Foto 2. Piedra recubierta de estuco, que alguna vez tambien estuvo pintada; representa un sol con rostro humano. (Foto de Let5icia Vargas, 1999).
Foto 2. Piedra recubierta de estuco, que alguna vez tambien estuvo pintada;
representa un sol con rostro humano. (Foto de Leticia Vargas, 1999).


Este meterial aparecio publicado en: I'inaj (Semilla de maíz), Revista de divulgación cultural de Yucatán No. 12. CONACULTA-INAH

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