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El siglo XVIII y las parteras indígenas



 
 

Hace algunos años revisando las cédulas de bautizos de los libros del archivo parroquial, encontramos algunos datos interesantes que nos hablaban sobre parteras que atendieron a mujeres que tuvieron hijos durante los años de 1789 a 1794. De estos 6 años pudimos rescatar 92 cédulas en donde aparecía el nombre de distintas parteras.

            Estos datos se obtuvieron en los libros de bautizos de Izamal, población ubicada en la Península de Yucatán a 72 km de Mérida, capital del Estado. Estos nombres nos han dado la oportunidad de conocer algunas características de las comadronas durante este siglo, ya que hasta la fecha las investigaciones sobre parteras en la época colonial son escasas. La intención de este artículo es explicar quiénes realizaban esta labor en este periodo. Según los tipos de asentamientos encontrados en las cédulas de bautizos, los niños podían ser registrados por ambos padres, otros sólo por la madre y unos más sólo por los padrinos ya que eran los abandonados y asentados como expósitos. Estos niños expósitos eran registrados en la iglesia por quienes los encontraban en las puertas de sus casas, terrenos baldíos o a las puertas de la iglesia.

            Es importante explicar que las cédulas encontradas con datos de parteras, son de mujeres cuyos hijos fueron registrados como naturales, es decir, niños en donde no se sabe quién es el padre, de tal manera que eran asentados en la iglesia sólo por la madre.

            Estas cédulas de bautizos nos han proporcionado los nombres de las diversas castas o grupos que habitaban la población de Izamal durante el siglo XVIII, de los cuales se desprenden los siguientes grupos de población: 1) españoles; 2) mestizos (mezcla de indios con españoles); 3) indios; 4) mulatos y 5) pardos (mezcla de mulatos con indios).

            Dichas cédulas nos permiten realizar una clasificación social basada en las distintas castas y razas. El estatus más alto lo ocupaban los españoles, tuviesen o no dinero, ya que como clase dominante se consideraban superiores; luego estaban los mestizos, que compartían de alguna forma su sangre y los acercaba un poco más a ellos, pues al tener sangre española había cierta protección, de tal modo que hasta los cargos de trabajo que tenían eran de capataces u otro de cierta importancia. Después estaban los mulatos, que realizaban las actividades relacionadas con los trabajos domésticos y tenían una mayor cercanía con los españoles, aunque fuese como sirvientes, ya que les permitía una mayor convivencia. En la escala social más baja se encontraban los indios y los pardos. A estos últimos les correspondía realizar las actividades del campo. Estas castas nos van a permitir clasificar a las parteras y a las madres atendidas y, a partir de ello, entender un poco las tareas que desempeñaban las parteras en este período. Es decir, nos va a permitir saber si a la hora de un parto se observan esas diferencias de estatus social y de qué manera se producían, sobre todo si las parteras indias eran aceptadas por los otros grupos de población.

            De los 92 partos con nombre de las parteras, se pudieron obtener los nombres de 43 de ellas y a la hora de clasificarlas se pudo observar que la mayor cantidad de parteras eran indias (30%); después le seguían con un 19% las mestizas; luego las españolas y mulatas, con un 17% cada uno. En cuatro casos (9.52%) no fue posible identificar su casta. Pero por los apellidos que tenían, podemos estar seguros de que no eran indias. Un menor número de parteras eran pardas (sólo el 7.14%). Esto no implica que de las 92 cédulas sólo 43 tuviesen nombres de parteras, sino que algunas parteras aparecen atendiendo hasta 10 partos en tanto que otras solamente uno.

            Lo interesante del caso de las parteras indias, es que a pesar de tener el mayor porcentaje, no implica que hayan atendido a la mayor cantidad de mujeres parturientas, sino que de los 92 partos registrados sólo atendieron a un 27.17%, que si bien es significativo por el hecho de tener a cinco grupos de población, pudieron haber atendido a una mayor cantidad debido a que los indígenas fueron el grupo con mayor número de parteras.

            Estas parteras indígenas atendieron a todo tipo de mujeres: mestizas, indias, indias hidalgas (descendientes de la elite maya), mulatas, pardas, pero nunca aparece una mujer española atendida por una india. Sin embargo, las parteras españolas sí atendían partos de mujeres indias. Esto puede obedecer a varias razones: las mulatas trabajaban como domésticas en casas de los españoles, por lo que había más confianza con una mulata que con una india. Las mestizas tenían un trato más cercano con la españolas más que cualquier india, que además vivían en las afueras del pueblo.           Y, por último, qué podemos pensar de la mentalidad de una española, si sabemos que en el momento de la conquista se consideró a los indios como gente sin razón.

            Esa baja cantidad de partos atendidos por parte de las indias, se explica si se toma en cuenta lo anteriormente expuesto y lo relacionamos con el hecho de que más de la mitad de los 92 casos de partos de madres naturales fueron de españolas y mestizas (55.42%). El resto de los partos estaba distribuido entre las indias, pardas, mulatas y algunas madres cuya casta no pudimos saber.

            También podríamos preguntarnos: ¿el hecho de ser partera y realizar una labor tan importante en el poblado les haría echar raíces tan fuertes que les evitara emigrar a otros lugares? Ahora no podríamos ni afirmar ni negar ese cuestionamiento, pero sí decir que del total de parteras indígenas algunas eran inmigrantes de otras poblaciones. Estas parteras llegan a la población de Izamal de diferentes formas: algunas nacen en Izamal aunque sus padres son de otros lugares; otras llegan a Izamal con sus familias y esto nos hace suponer que posiblemente en su lugar de origen pudieron tener problemas como parteras, ya que en Izamal no tenían una gran demanda, aunque esto podría decirnos también que el solicitar a una partera iba mucho de por medio el que fuera conocida y la reputación como partera que tuviera en el pueblo o también la amistad y cercanía que pudiera haber entre ambas. Por otro lado, algunas de estas parteras aparecen atendiendo a sus propias hijas, lo que demuestra la confianza que muchas mujeres depositaban en estas comadronas, porque sabemos que muchas de ellas morían durante el parto.

            A través de los cronistas se infiere que una partera era alguien importante, ya que al momento de elegirla se utilizaban ritos. Podemos concluir que, durante la época colonial, las parteras indígenas tuvieron un papel preponderante como parteras, pero no en todos los niveles sociales, ya que para las españolas era preferible ser atendidas por cualquier otra mujer que no fuese de la clase indígena. Por esto, considero que más que por un impedimento racial, podría deberse a la cercanía que tenían las otras castas con la raza española. Lo que sí parece interesante preguntarnos es ¿por qué las españolas sí atendían a mujeres indias?

            Es muy probable que el ser partera era un oficio de importancia en la población, una española sintiese que a mayor número de mujeres atendidas en la población (la casta que fuese) su reputación crecía. Atender a una mujer india no las denigraba ni las bajaba de su escala social, pero sí el hecho de ser atendida por una de ellas. Además, la confianza que se le tuviese a una parteras era muy importante para elegirla y ya hemos asentado que cualquiera de las otras castas era más cercana a la española que la indígena.

 

Este material apareció publicado en: revista I'inaj (Semilla de maíz), Revista de divulgación cultural de Yucatán No. 12. CONACULTA-INAH
Profesora de el centro INAH Yucatán Regresar

 






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