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Las huellas del Jerónimo de Aguilar imaginario.

 

En el VI Congreso de Historia “Écija y el Nuevo Mundo” presenté un resumen de las imágenes del Jerónimo de Aguilar histórico e imaginario elaboradas entre los siglos XVI y XVII. En esta ocasión quiero retomar al Jerónimo imaginario y su travesía en el tiempo.1

Comenzaré con una breve síntesis de lo primero, para exponer después los cambios de los horizontes culturales e interpretativos del pasado que influyeron en la reelaboración del Jerónimo imaginario y para analizar una de sus más destacadas aventuras.

La imagen de Jerónimo de Aguilar hasta el siglo XVII.

Como es conocido, la vida y obra del Jerónimo de Aguilar histórico fue de por sí dramática y emocionante. Sabemos que nació aquí en Écija en 1489,2 que a la edad de 20 años se embarcó a las Indias con Diego Colón (1509),3 que sobrevivió en la desastrosa expedición a Veragua con Diego Nicuesa, que alcanzó el Darién en tiempos del conflicto entre Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa, que naufragó navegando hacia la Española, que recaló con algunos otros conquistadores a la entonces desconocida península de Yucatán (1511).

Allí vivió ocho años entre los mayas y posiblemente se casó con la hija de Ah Naub Ah Pot (un rey indígena de la región).4 Más tarde se unió al ejército de Hernán Cortés (1519) y junto con Malitzin (Marina o Malinche) fue el intérprete clave en la conquista de México. Se hizo concubino de otra india (Elvira Toznenitzin), 5 hija de otro cacique en Tlaxcala y tuvo con ésta por lo menos una hija llamada Luisa.6 También sabemos que se enemistó con Cortés y lo enfrentó en el Juicio de Residencia (1529). 7 En 1531 murió a la edad de 42 años de “mal de bubas” o sífilis.8

     Ocurrido todo lo anterior en una fase relativamente temprana de la Conquista de las Indias, el número de registros documentales al respecto es relativamente escaso. De todos estos acontecimientos, su estancia entre los indios de Yucatán, su actuación como intérprete en la conquista de México y su rivalidad con Hernán Cortés fueron los más documentados. Pero su papel primordial como personaje histórico es, sin duda, el primero.

Mientras que el pleito con Cortés apenas se ha señalado y el papel de intérprete de la conquista se ha destacado (pero no abundado), su incierta estancia en Yucatán ha sido la base para suponer la posibilidad de varias y variadas aventuras y desventuras. Por ejemplo, se pudo suponer que Jerónimo escapó de ser devorado por caníbales, que se convirtió en jefe de la milicia local de los indígenas, que comandó y ganó varias batallas para su señor, que pasó una difícil prueba con la que preservó sus votos de celibato, 9 etc. Esta última prueba suele ser la aventura más socorrida por los novelistas.

 

Eventos reales y tradición narrativa.

Ahora bien, la proyección de Jerónimo estuvo encausada y limitada por la historiografía novohispana de los siglos XVI y XVII. Si recordamos que en aquel tiempo el discurso de la historia estaba principalmente a cargo de religiosos y que la conquista de las Indias se veía y justificaba como una misión divina dada a España para llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra, 10 entendemos por qué en sus relatos se hace patente la relación entre: eventos realmente acontecidos y pasajes o sucesos clásicos de la tradición historiográfica judeocristiana.

     Al descubrirse América, los cristianos españoles acababan de terminar de expulsar a los moros de su península. La aparición de las Indias se interpretó, como diría López de Gómara, como una misión para que los españoles no dejaran de pelear contra infieles.11 Casi al mismo tiempo, España se vio involucrada en una serie de costosas guerras en defensa del catolicismo, tanto contra infieles (musulmanes) como contra príncipes o reyes cristianos que se habían pasado al protestantismo, y más tarde tendría choque incluso con otros monarcas católicos.12

     Sin abundar en lo anterior, lo que nos importa de ello es que, con tanta guerra, aquella mística guerrera de tintes medievales de lucha contra el infiel tuvo el campo fértil para su renovación, misma que influyó no sólo en la literatura, sino en el discurso de la historia. Este bagaje, esta mística, fue lo que determinó en buena medida la interpretación de los acontecimientos sufridos por Jerónimo de Aguilar como guerrero de la cristiandad en campaña y le fue dando connotaciones distinguidas y distintivas a su imagen. (Recuérdese su similitud con José el israelita).

     Por lo anterior, resulta comprensible el hecho de que las aventuras de Jerónimo estén escritas e inscritas dentro de los modelos de narración vigentes en su tiempo, utilizados para contar la historia de los procesos de cristianización de sociedades gentiles, infieles o apostatas. Incluso, fuera de esta relación entre eventos registrados y modelos narrativos utilizados, algunos pasajes se hacen menos comprensibles. 13

 

La continuidad: el hispanismo mexicano.

A principios del siglo XIX y tras una guerra de diez años, México se independizó de España (1821). Ya no fue más una colonia española, pero su clase dirigente era criolla y especialmente respecto a la mayoría indígena que gobernaba, era hispanista.

A lo largo de la Colonia los valores culturales de la metrópoli (lengua, religión, vestido, sentido de la vida, color de la piel, etc.) se habían impulsado como “lo mejor”. Aunque la sociedad novohispana era abrumadoramente indígena y mestiza, las elites criollas impusieron sus valores y en algunos casos procuraron incluso mantener cierta “pureza racial”. Aunque ellos mismos eran criollos, es decir, “españoles de segunda”, frecuentemente menospreciados por los “españoles peninsulares”, frente al conjunto social “ser español”, “ser blanco”, “ser católico”, vestir como catrín (no como indio), tener apellido español, etc., fueron los valores preferentes y deseables, vistos como símbolos inequívocos de una supuesta superioridad sociocultural y racial.

     Esto determinó un particular hispanismo mexicano que poco tenía que ver con la España liberal de su tiempo (con la cual había roto), pero sí con muchos rasgos culturales de origen hispano llamados a ser la cultura que debía de sustituir todas las otras manifestaciones indígenas (religiosas, lingüísticas, etc.) consideradas inferiores, primitivas o salvajes y hasta demoníacas. Este hispanismo sirvió pues para justificar un proyecto de etnocidio cultural durante todo el siglo XIX, aunque la mayoría de la población siguió siendo india o mestiza.14

     Con lo anterior, el sentido del tiempo y la interpretación histórica no tuvo grandes cambios. Para los autores del siglo XIX los indios seguían siendo una especie de raza inferior, de pasado pagano e idólatra, que había mejorado gracias a la religión y a la civilización occidental llegadas de Europa. La Colonia había sido una especie de fase purificadora, que, habiendo dado todo de sí, cedió su paso a una nación nueva e independiente.

México debía continuar este proceso, purificando y blanqueando a los mexicanos. Además, a partir de las guerras con los bárbaros (como se les llamó a las luchas de resistencia indígena de finales de dicho siglo) la tarea purificadora cobró nuevos bríos, ya que después de tantos años los indios volvían a manifestar su resistencia, su belicosidad y amenazaban el orden civilizado.

     Así, el sentido de las historias tampoco varió, incluso recreó la interpretación colonial del siglo XVI y ocasionalmente la incrementó. El semblante de Jerónimo en las obras escritas en este tiempo, son una simple reedición de las ideas pasadas, ahora con ciertas modificaciones para hacer la narración más amena y con cierto enfoque que lo imagina como un personaje equiparable con clásicos latinos.15 De esta época son el artículo sobre Jerónimo de Vicente Calero en el Registro Yucateco (1845), 16 o bien las Historia de Yucatán de dos afamados autores yucatecos: Eligio Ancona17 y Juan Francisco Molina Solís.18 Ancona plasmó esta misma orientación en su novela La Cruz y la espada. 19

 

El nuevo sentido: Revolución y mestizofilia.

En 1910 se produjo la Revolución Mexicana, un amplio movimiento social y militar que duró alrededor de 10 años, y en el cual la dictadura porfiriana fue derrotada. Aunque con distintos frentes, fuerzas, caudillos, alianzas y demás, los ejércitos revolucionarios estuvieron compuestos por soldados mestizos e indios y dirigidos por lideres de extracción media y popular. La posibilidad de un nuevo orden político y social que eliminara las condiciones anti-populares de la dictadura y reivindicara a las masas revolucionarias, dio nacimiento a una nueva concepción de la realidad social mexicana y a un nuevo sentido de la interpretación histórica.

     Por lo menos dentro del ideal revolucionario, los indios dejaron de ser “los malos”, los primitivos, el lastre del pasado. Comenzaron a ser “nuestros ancestros”, recipientes y baluartes de “nuestra identidad” y la cultura indígena se vio como parte viva e integral de la cultura mexicana. 20 El mestizo dejó de ser el segundo escalón socio-racial y se convirtió en símbolo de unidad y reconciliación nacional: todo mexicano es inevitablemente mestizo y toda nuestra herencia cultural, india o española, es igualmente digna y aceptable.

     Entonces las historias y novelas escritas para exaltar a los conquistadores y denostar a los indios, fueron perdiendo su fuerza. Aunque el hispanismo a la mexicana siguió dominando, éste se manifestó de forma moderada. Jerónimo de Aguilar aparece como un brillante sacerdote cristiano que trata constantemente con los indios y que porta un discurso de cristianización por la vía pacífica, que dista mucho de las noticias que tenemos sobre los clérigos que acompañaron a los conquistadores21 y del Jerónimo cautivo de las primeras historias.

 

La prueba del celibato de Jerónimo

Como ya indiqué, ésta ha sido la aventura más socorrida por los novelistas. En las historias, y a pesar de que murió de sífilis, esta supuesta prueba pasó de un autor a otro y sirvió para sostener la idea de que Jerónimo era diácono. En la literatura las cosas han servido para dramatizar el episodio y en una sola ocasión, para modificarlo. 22

     Como se recordará las historias tradicionales dicen que estando entre los indios yucatecos y viendo el cacique que Jerónimo no se inclinaba por ninguna de las indias que le rodeaban, lo interrogó. Él explicó que en su religión, al hacerse diácono, hizo un voto de abstinencia sexual y por ello debía mantenerse célibe toda su vida. Incrédulo, su cacique le puso una prueba en la cual lo envió a pescar a una playa desierta, acompañado por una joven y hermosa india de catorce años, misma que había sido instruida para seducirlo. Llegada la noche y pretextando que tenía frío, la india le pidió que se acostase con ella en la única hamaca que habían llevado. Jerónimo, firme en su compromiso, resistió la tentación y decidió pasar la noche en la arena junto a una hoguera. 23

     Conforme el tiempo fue pasando las novelas utilizaron esta anécdota para incrementar el dramatismo del episodio. Jerónimo aparece entonces muy atormentado por la disyuntiva entre el deseo y las obligaciones de la fe. La india con la que va a la playa, ya no es una simple india cualquiera, sino es la propia hija del cacique que lo busca por su propia voluntad y con consentimiento de su madre o de alguna otra pariente cercana.

La princesa había caído cautivada por la imagen varonil y serena del devoto Jerónimo y vivía en un mar de llanto porque “el extranjero” no le hacía caso. Por su parte, él también había sucumbido a los encantos de la joven y sentía en su pecho una terrible pasión por ella. Pero Jerónimo no cede por su citada promesa y prefiere evitar a la princesa. Más o menos así lo cuenta Eligio Ancona en La cruz y la espada, José Baltasar Pérez en Ocho años entre salvajes y Torcuato Luca de Tena en El futuro fue ayer. Pero Benjamín López Martínez, en Rutas extraviadas, se atreve a modificar los sucesos de manera ingeniosa.24

     La noche en que estaban a solas en la playa, los enamorados, Jerónimo e Ix’Zacpacal, tuvieron un turbulento diálogo de amor y refreno. Jerónimo no pudo más y cedió a los encantos y peticiones de la princesa, no sólo porque en realidad la amaba con todo su corazón, sino porque sabía que de no poseerla, Ix’Zacpacal sería próximamente sacrificada a los dioses paganos con la intención de que éstos favorecieran a los indios en los tiempos que se avecinaban. Es decir, ya tenían noticia de la llegada y el avance de los conquistadores españoles hacia su poblado.

Al realizar su amor con ella, Jerónimo la liberaba de tan ruin destino y abría la pauta para enfrentar el futuro de otra manera. Dos espías del padre de la princesa debían de cerciorarse de la unión e inmediatamente avisar a éste para suspender los preparativos de la ceremonia del sacrificio. Sin embargo, a pesar de haberse consumado, los espías que los vigilaban fueron asesinados cuando estaban yendo a avisar al cacique. Nadie contó con la astucia y perversidad del gran sacerdote indio, que por muchos años había deseado carnalmente a la princesa y no soportó saber como ésta se entregó finalmente al extranjero. De modo que H’Balantún asesinó a los mensajeros e informó que la unión no se realizó. Así, la única forma de aplacar los malos presagios era sacrificando a la princesa.

Al día siguiente de la consumación amorosa y al recapacitar sobre lo ocurrido, Jerónimo quedó confundido y atormentado por las posibles consecuencias infernales de su terrible desliz.25 Tanto que sin explicación alguna, huyó al monte en un arranque de desesperación y autocastigo. Al irse sin decir nada, la princesa interpretó que estaba arrepentido y que en realidad no la amaba. Pensó que la había engañado y sintió morirse. No pudo resistir el supuesto hecho, desmayó y perdió el conocimiento.

H’Balantún aprovechó este momento. Tomó a la princesa inconsciente, la llevó a la pirámide de los sacrificios y le sacó el corazón. Mientras tanto, estando en la selva, Jerónimo se arrepintió, ahora de haber dejado sola a su amada, y regresó a buscarla. Pero ya era demasiado tarde. Ix’Zacpacal ya había sido sacrificada.

Pero no es todo. Para desgracia de los indios que no sabían la verdad, la princesa ya no era virgen y en dichos rituales los dioses paganos sólo aceptaban doncellas vírgenes. De modo que ofrendarles el corazón de Ix’Zacpacal, fue considerado por éstos como una burla y en venganza los dioses abandonaron a los indios, no sin antes enviarles tormentas y calamidades de dolor y destrucción, una de las cuales sería la derrota que pronto sufrirían por parte de los invasores españoles, que además los esclavizarían.

 

Conclusión

Como he mostrado, poco a poco el Jerónimo presentado como héroe conquistador y dominador de indios, se ha ido haciendo impopular. Ha ido pasando de ser el gran personaje de un importante capítulo de la historia de México, a uno de segunda. Pero también un nuevo papel se está forjando en el imaginario social, aunque éste todavía no escapa a su sombra precedente. Por lo contrario, Gonzalo Guerrero, su compañero de camino que hasta mediados del siglo XX había sido considerado como “gente baja”, traidor y herético, se ha ido transformando en la nueva figura estelar de las novelas y de las nuevas historias del episodio. Todo ello como parte de la reinterpretación a partir de un nuevo horizonte cultural de la sociedad mexicana posrevolucionaria.


Centro INAH Yucatán, Doctorado de Humanidades-Historia UAMI, Conacyt. Regresar



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