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Reforma legislativa y diálogo intercultural: consideraciones y propuestas relativas a la idea de promover una legislación sobre los derechos y la cultura del pueblo maya en el Estado de Yucatán

 

Introducción

De entrada parece importante considerar que la presente Consulta aborda tres cuestiones relacionadas pero diferentes, a saber: una posible modificación constitucional (prefigurada de algún modo por la modificación del Artículo Cuarto primero y del Segundo después, de la Constitución Mexicana), una posible "Ley de Derechos y Cultura Maya del Estado de Yucatán" (que parece dar por hecho el Cuaderno de consulta) y una posible serie de reformas a leyes estatales existentes en función del reconocimiento efectivo de los derechos de la población indígena y del fomento de sus culturas 1. Cada uno de estos elementos necesitaría un tratamiento aparte y diferente. Cabe señalar que la importancia de las decisiones que se estarán tomando, sobrepasa en mucho los ámbitos local y regional, ya que por las características culturales mundialmente conocidas de la Península, en todo el país y en muchas otras partes se sigue con atención los debates científicos y políticos que sobre esta temática se están desarrollando en Yucatán.

 

1.El reconocimiento constitucional de la pluriculturalidad de raíces indígenas

Parece que el primer paso pendiente sería – para parafrasear la Constitución de la República Mexicana vigente – el reconocimiento de la composición pluricultural de la población yucateca, sustentada originalmente en sus pueblos indígenas y, de modo especial, en el pueblo maya. Tal reconocimiento equivaldría al reconocimiento de un nuevo sujeto de derecho, hasta ahora "negado" como tal. 2

Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que la reforma constitucional no debe excluir de su reconocimiento a integrantes de otras etnias indígenas mexicanas que viven en el Estado de Yucatán.

De la forma concreta de la modificación constitucional de este reconocimiento dependerá la evaluación de la conveniencia de proponer o no una ley especial y/o reformas a determinadas leyes estatales existentes.

 

2. La oportunidad de revertir la fragmentación del pueblo maya

La Comisión Especial Permanente de Asuntos Étnicos del H. Congreso del Estado, que tiene como finalidad ocuparse de "todo lo relacionado con la preservación y fomento … de la etnia maya" 3 (pero que, como ya se dijo, no debe olvidar que en el Estado viven también integrantes de otras etnias indígenas) y el H. Congreso en pleno deben reconocer que la división del pueblo maya en tres segmentos conforme a la división político-administrativa de la Península en tres entidades federativas diferentes, es, desde el punto de vista del pueblo maya, una expresión clara y continuada del colonialismo, al que se encuentra sujeta esta población desde hace medio milenio – del colonialismo español primero con sus congregaciones y reducciones y del colonialismo interno después con sus estados y territorios. ¿No resulta absurdo imaginarse un orden constitucional y legal, donde en el punto Put un integrante de la etnia maya, que en un Estado es objeto de una "legislación indígena" determinada, tiene que caminar solamente unos pasos para ser objeto de otra legislación distinta y luego algunos pasos más para serlo de otra más? Esta situación es evidentemente distinta de la diversidad de las legislaciones estatales producto de un orden federal, ya que aquí se trata de una fragmentación impuesta a una entidad sociocultural previamente existente, a una colectividad existente antes del establecimiento del estado nacional: el pueblo maya.

Por lo anterior, la Comisión Especial y el H. Congreso del Estado no deberían tomar ninguna decisión que redundara en la perpetuación de la fragmentación colonialista del pueblo maya. Es difícil entender cómo se han podido proponer y aprobar legislaciones referidas a la población maya en los Estados de Quintana Roo y Campeche sin considerar esta realidad histórica, étnica y cultural. 4

En vista del vacío jurídico al respecto, ¿no sería una vía posible la conformación paralela y conjunta de agendas de trabajo de comisiones legislativas abocadas a la pluriculturalidad y los derechos de la población indígena, de modo tal que se pueda formular y aprobar en cada uno de los tres Estados de la Península iniciativas de ley idénticas (y de ser posible, simultáneas) y, en consecuencia, asegurar que en todo el territorio habitado por el pueblo maya valgan las mismas leyes que se refieren específicamente a él y a su cultura? Cualquier otra solución significaría no solamente la reproducción, sino también la agudización de esta fragmentación insostenible y sería una grave hipoteca para la realización del mandato constitucional de asegurar la "libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía" de los pueblos indígenas mexicanos. 5

 

3. Los derechos del pueblo maya y el diálogo intercultural

El pensar en una legislación especial "para" la población maya puede reforzar e incluso generar la equivocada apreciación de que se trate de una "población problema" a la que se debe "atender" mediante un conjunto de normas, procedimientos e instituciones específicas. Ésta ha sido tradicionalmente la visión y la práctica del indigenismo mexicano. Distinta y contraria es la posición que entiende el problema como el de una situación pluricultural creada por procesos históricos de origen colonial. En la medida en que un orden republicano y democrático sustituya al antiguo orden colonial y se reconozcan los derechos humanos de los descendientes de los conquistados 6, surge la necesidad de un diálogo que tiene carácter de intercultural, ya que personas y comunidades pertenecientes a culturas diferentes (con sus sistemas simbólicos, idiomas, cosmovisiones, costumbres, valores, estilos de vida, concepciones artísticas, prácticas médicas, etc. diferentes)  tienen que ponerse de acuerdo sobre las modalidades de la convivencia pacífica de diferentes. Pero tal diálogo propiamente dicho es imposible en condiciones de desigualdad evidente y profunda entre las partes. Es, por consiguiente, obligación del más fuerte, tender los puentes y asegurar que los más débiles, los dominados durante tanto tiempo, puedan alcanzar una posición de igualdad.

Esto plantea varios problemas prácticos. ¿Cómo pensar en un diálogo libre y franco sobre una reorganización de las relaciones interétnicas y interculturales en un ambiente impregnado por racismo – cotidiano y estructural, hecho institución y muchas veces interiorizado por las victimas de esta discriminación 7? ¿Cómo iniciar tal diálogo, cuando una parte dispone de los medios institucionales, lingüísticos, cognitivos etc. socialmente valorados y técnicamente eficientes para analizar información sobre cuestiones complicados y para comunicarse, mientras que la otra parte no tiene nada o casi nada de todo esto?

Pensemos, para ilustrar un solo aspecto, el de la lengua, que a los profesores de la universidad nos hicieran una consulta sobre nuestra opinión acerca de la siguiente fase del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o sobre el Plan Puebla Panamá – proporcionándonos con apresuramiento algunos resúmenes escuetos de los textos clave y además en inglés. Claro: alguna idea podríamos balbucear – pero ¿no exigiríamos tiempo, bastante tiempo, para revisar documentos, comentar con colegas, buscar más información, pedir asesoría sobre cuestiones legales, formular y discutir las ideas, antes de poder emitir una opinión calificada?

Ahora bien: ¿cómo traducir esta exigencia de diálogo real a la obligada consulta de la población maya y de otras etnias residentes en ranchos y pueblos, en los barrios de las ciudades de la región y en los Estados Unidos sobre complicadas cuestiones constitucionales y legales? ¿Cómo aprovechar la experiencia de más de una década de consultas diversas pero bastante semejantes en sus procedimientos, cuando éstas han mostrado sus enormes limitaciones y que no han sentado aún las bases para una comunicación fluida y organizada entre las comunidades mayas y las instituciones de la sociedad mayor? 8

            Solamente en condiciones de igualdad, donde ambas partes se saben mutuamente respetadas en y no a pesar de su diferencia y donde cada una pone a disposición de la otra, lo propio para su examen y evaluación y donde cada una de las partes está dispuesta a ceder  y conceder, puede darse un diálogo que permite abordar las condiciones de la convivencia organizada. Pero esta igualdad aún lejana necesita de esfuerzos de reconstitución y actualización de muchos aspectos de las culturas maya y de otras culturas indígenas, que son también responsabilidad de la parte no maya de la sociedad que se ha beneficiado durante tanto tiempo de esta desigualdad.

 

4. Algunos elementos clave para iniciar un diálogo intercultural

La vieja concepción indigenista miraba a las culturas indígenas desde arriba y desde afuera y hacía responsable a la población indígena de vincularse con la sociedad nacional (por ejemplo, aprendiendo el idioma castellano considerado el único "nacional"). La visión alternativa de la pluriculturalidad no puede proceder así. En función del diálogo intercultural que es, al mismo tiempo, precondición y resultado de un orden democrático respetuoso de la diversidad cultural, hay que considerar las siguientes cinco medidas que lo posibilitan y reproducen. 9

● Debe considerarse la educación bilingüe y bicultural no para algunas escuelas de "educación indígena", sino para todas las escuelas del campo y de la ciudad y en todos los sistemas y niveles, y esto con más urgencia para la población no maya que para la maya, a causa de la ignorancia mayor de aquella sobre la lengua y la cultura de la última.

● En vista de que lamentablemente ninguna institución pública ni privada de educación superior e investigación científica lo haya hecho, a pesar de no pocas propuestas en este sentido a lo largo de los años, resulta urgente la fundación de un bien equipado centro de estudios y de documentación sobre la cultura maya, donde toda la información existente sobre la cultura maya esté disponible para mayas y no mayas, sin tener que acudir, como ahora, a bibliotecas ubicadas fuera de la región e incluso del país.

● El establecimiento de estrategias efectivas de actualización, sistematización y difusión especializada de la lengua maya, elemento central de la cultura maya y objeto de múltiples reclamos. Esta actividad podría correr a cargo de un instituto establecido en cooperación con el recientemente fundado Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) 10 e incluiría la elaboración de vocabularios y la formación de traductores especializados en diferentes campos del saber. Incluiría también la elaboración de cursos y de materiales lingüísticos – ¿es creíble que todavía no existe una gramática maya ni cursos de enseñanza del castellano especializados para mayahablantes? ¿es creíble que aún haya escuelas donde no hay diccionarios maya-castellano? – elaborados profesionalmente, editados con esmero y difundidos masivamente. 11

● La reversión efectiva de la marginación educativa y científica de la población maya mediante un sistema de becas especiales y suficientes en todos los niveles, que permita a interesada/os "del interior" de la Península el fácil acceso a la educación secundaria, técnica y superior de calidad, que se imparte casi exclusivamente en la capital del Estado. Dicho sistema incluiría la atención especial a procesos de aprendizaje en castellano como segundo idioma y a la utilización de la lengua maya en la educación superior y la investigación científica.

● La adjudicación, año con año, de partidas presupuestales en todos los ámbitos que no solamente correspondan al porcentaje de la población maya con respecto a la población total del Estado de Yucatán, sino que, además, compensen y reviertan – tal vez poco a poco, pero eficazmente, de modo comprobable y en plazos definidos – su centenaria historia de marginación y despojo.

 

Comentario final

En la medida en que las observaciones aquí hechas sean correctas, resulta obvio que esta Consulta no puede ser el punto final del proceso de preparación de la transformación constitucional y legal del orden económico, político y social de la Península. 12 Más bien será un inicio. Un inicio que puede ser el detonador de un largo proceso – del cual el aspecto jurídico es apenas uno – de reestructuración de la convivencia de diferentes opciones culturales y modelos civilizatorios, en el cual la diversidad es experimentada – y no solamente declarada – fuente de riqueza y no, como ahora, problema. 

 

Este texto fue presentado originalmente como ponencia en la Mesa 2 ("Ciudadanía, justicia, participación, representatividad, interlocución, discriminación y migración") de los Foros de Consulta relativos a la Iniciativa de Ley de Derechos y Cultura Maya del Estado de Yucatán (Foro Estatal, 4 de marzo de 2005). Una versión ligeramente diferente fue publicada posteriormente en El Varejón (número 69, marzo de 2005, pp. 7-9).

Profesor-Investigador en la Unidad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Yucatán




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