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Fiestas y gremios en el oriente de Yucatán


 

Area de influencia de Valladolid

Introducción

El hombre ha sido definido por los científicos sociales de muchas formas. Cada una de estas definiciones se basa en algún criterio esencial, nodal de la condición humana. Tenemos así la idea del humano como homo faber, es decir como un ser capaz de producir sistemáticamente instrumentos. Se ha enfatizado también la capacidad de la especie para simbolizar, para el pensamiento abstracto, de ahí la denominación homo sapiens. Pero el ser humano es también un homo ludens y más específicamente un homo festus.1 Por eso no hay sociedad humana sin fiestas, sin celebraciones.

            El antropólogo norteamericano Robert Redfield, quien realizó investigaciones en Yucatán en los años treinta, encontró en nuestro estado una forma especial, propia, de celebrar, de llevar a cabo las fiestas en honor de los santos patronos.

            Es objetivo de esta obra, presentar algunas de las características de nuestras fiestas patronales tal y como se desarrollan en villas y pueblos del oriente de la entidad. El colorido, la riqueza ritual y simbólica, la complejidad organizativa que implican estas actividades sociales, hacen de las fiestas un tema de gran interés, no sólo porque son parte de la cultura de muchos yucatecos sino porque a través de ellas podemos vislumbrar el tipo de sociedades, de comunidades que las generan, recrean y transforman. Las fiestas nos hablan de las sociedades que les dan vida.

            Los materiales de campo y de gabinete para escribir este texto provienen de dos investigaciones llevadas a cabo en la Sección de Antropología Social del Centro INAH – Yucatán. Una de ellas trató de descubrir, entre otras cuestiones, los elementos que denotan y los aspectos que connotan la fiesta en el oriente del estado, se refirió más bien a los llamados aspectos “profanos” de la celebración.2 Otro estudio se centró en las formas organizativas del catolicismo popular, trató por lo tanto, acerca de los rasgos de “lo sagrado” en distintos tipos de celebraciones de las familias y de las comunidades de la región.3 (ver mapa de la zona de estudio).

            En la primera parte del texto se ofrece una caracterización de las fiestas patronales en el oriente del estado, se incluyen aquí los elementos “profanos” y “sagrados” de las festividades. Una extensa segunda parte recoge y transcribe, con comentarios de la autora, notas, crónicas y relatos diversos sobres las fiestas en Yucatán, en general (ya no sólo sobre el oriente). Porque “hacer fiestas” forma parte de la condición humana y porque las fiestas yucatecas del oriente son muy hermosas vale la pena escribir y leer sobre ellas.

 

Las fiestas patronales

En nuestro estado la mayoría de las comunidades rurales, las ciudades y los barrios tienen un santo patrón en cuyo honor se llevan a cabo por lo general anualmente, celebraciones de carácter religioso y secular.

            El “origen” de la forma e incluso del contenido y significación de estas festividades debe buscarse en la historia colonial de nuestra región. Así, en la zona oriente del estado de Yucatán encontramos huellas del culto a los santos patronos desde el año de 1600. Para estas fechas las autoridades de diversas comunidades del área de Valladolid, se presentaban a resolver asuntos de interés general e individual explicitando el nombre de su santo patrono. Por ejemplo, en los Títulos de Ebtún en los siglos XVII, XVIII y XIX aparecen, en los pleitos por tierras, los gobernadores, alcaldes, regidores y demás principales de los pueblos de Tixcacalcupul, Tekom, Ebtun, Uayma, Kaua, Cuncunul y Dzitnup identificándose en relación a su comunidad de procedencia y al santo patrono de la misma. Así, cuando a principios del siglo XVIII se dirigen las autoridades de Tixcacalcupul al teniente de Valladolid protestando por la venta de una fracción de terreno llamada Tontzimin lo hacen de la siguiente manera: “Nosotros el gobernador, magistrados y gente principal del pueblo de Santiago Tixcacal...” (Roys, 1939: 151). En el mismo tono y por el mismo asunto acude al citado teniente la gente de Tekom diciendo: “Yo el gobernador, con mis magistrados, mis regidores y los hombres principales de mi pueblo, aquí en el pueblo de nuestro patrón los benditos San Pedro y San Pablo del pueblo de Tekom...” (Roys, 1939: 151).

            En 1811 en reconocimiento de una fracción de monte que Juan de la Cruz Camal cedió a Juan Balam se identifica el primero en lengua maya diciendo: “...Juan de la Cruz Camal cahnalen uay ti cah Ebtun tu mektan (cahil) bolon pixan Santo San Bartolomé apóstoles...” (Roys, 1939: 328).

San Isidro y sus santos invitados durante el baile de la "Cabeza de Cochino" en Temozón, Yucatán            Por lo general en estos documentos las palabras mayas para nombrar al santo patrón eran ah Bolon Pixan y a continuación el nombre del santo, por ejemplo: ah Bolom Pixan San Bartolomé. También suele aparecer la frase: kilich yum ah Bolom Pixan. Cuando la patrona es una virgen la frase maya que se utiliza es: kilich kolel; por ejemplo, es el caso de la patrono de Kaua, la Virgen de la Concepción: kilich kolel Santa María de la Concepción. (Roys, 1939: 258). O bien como en el caso de la Virgen de la Candelaria: kilich kolebil Candelaria (Roys, 1939: 284).

            Así, desde los primeros días del período colonial, las identidades comunales estuvieron simbolizadas por y concretadas en el santo patrono. La cofradía adquirió pronto en Yucatán el carácter de forma organizativa para rendir culto a los santos patronos. Los Títulos de Ebtún ya citados nos hablan directamente de las autoridades religiosas de las comunidades y de los funcionarios de las cofradías encargados del culto al santo patrón. Lo anterior puede observarse por ejemplo cuando en 1762 las autoridades de Uayma reportan la inspección de fronteras de un terreno llamado Cotut. Entre quienes firman el documento se encuentra el prioste de la Virgen, Pablo Col, que acudía a la mensura por motivo de tener la Virgen tierras en la cercanías del terreno en cuestión. (Roys, 1939: 286).

            En relación con las cofradías dice la investigadora Nancy Farris que “Las cofradías y sus oficiales (priostes y mayordomos) parecen no tener equivalentes precolombinos. Pero de hecho funcionaron como parte de la misma compleja administración comunal más que como una hermandad de parroquia según el modelo europeo y así, pueden ser vistas como una extensión civil y religiosa del cabildo. Se sobrepusieron a los cabildos en funciones y personal, en tanto que la misma gente sirvió en ambos ya sea simultánea ya sea alternativamente” (Farris, 1984: 233).

            De esta manera, dos elementos centrales de catolicismo popular, es decir, el culto a los santos patronos y las formas organizativas para llevar a cabo esta función proceden de los primeros años del contacto y perviven redefinidas, hasta nuestros días.

            Acerca de esto, el antropólogo Alfonso Villa Rojas dice en su libro Los elegidos de Dios que los indios del cacicazgo de X-Cacal conservan todavía el espíritu de cristiana devoción que estuvo tan arraigado entre los mayas de Yucatán cuando aún no estallaba la Guerra de Castas que tanto habría de alterar la posición dominante del clero católico. Usos y costumbres de carácter cristiano, ya desaparecidos en otras partes de la península, persisten hasta hoy dentro de la cultura que venimos describiendo” (Villa Rojas, 1978: 337).

            Como veremos enseguida, no obstante la Guerra de Castas, aún se practican en los pueblos del oriente del estado algunas costumbres en torno al culto a los santos, que recuerdan el pasado colonial de Yucatán. No debe dejar de mencionarse, sin embargo, el hecho de que algunos aspectos centrales de las prácticas católicas populares tienen una historia maya prehispánica. Así, Nancy Farris encuentra elementos de ciertos rituales contemporáneos en las descripciones de Landa sobre los mayas del momento del contacto (Farris, 1984: 345-346).

 

Caracterización de la fiesta en el oriente del estado de Yucatán

Se podría pensar que cualquier evento no cotidiano, que involucra a un sector considerable de la población y que incluye rituales, procesiones, comidas y bebidas, es en México y Yucatán una fiesta. Y muy probablemente así es. Desde luego en nuestros países el aspecto religioso juega un papel muy importante en la caracterización de las fiestas; en las comunidades del oriente de Yucatán sin embargo son, sin duda, los elementos “profanos” aquellos que definen un evento comunitario como festivo. Lo veremos más de cerca.

            En repetidas ocasiones, en diferentes comunidades del oriente del estado, hemos preguntado a la gente: ¿cuándo es la fiesta de este pueblo? A esto sigue en algunos casos, la aclaración de que en realidad no es una, sino dos, incluso tres, las fiestas del pueblo. Enseguida preguntamos qué se hace para la (s) fiesta (s) y las personas nos hablan entonces de la vaquería, los bailes, las corridas, las misas... Si se pregunta después si no hay gremios en estas fechas, a ello se responde de diversas maneras: “sólo uno”, o bien: “sí son cuatro, los gremios que entran para la fiesta”; o “todos los días de la fiesta entra un gremio”. Otras veces cuando al llegar a la comunidad se ve al contingente de un gremio en procesión y se pregunta: ¿es la fiesta?, la gente suele responder: “no, sólo es gremio”. O al platicar acerca de las actividades religiosas de su comunidad la gente se refiere a determinadas fechas diciendo que durante ese lapso “hay gremios”. Esto es, los actos religiosos en honor del santo patrón o de algún otro santo comunal o familiar no definen, no marcan, desde la óptica de los habitantes del oriente de Yucatán, un tiempo reconocido como fiesta. ¿Qué es entonces en las comunidades del oriente la fiesta? Casi sin temor de equivocación puede decirse que son tres los elementos todos ellos de carácter “profano” los que definen el tiempo festivo: las corridas, la vaquería y los bailes.

Corrida con toro y ya'ax en Popolá, Valladolid, Yucatán.            De entre ellos puede y debe relevarse el papel central de las corridas de toros como actividad festiva por excelencia. Cuando uno llega a una comunidad del oriente y se ve a los hombres del pueblo trabajando en la construcción del “ruedo”, o para decirlo de otra forma, cuando los “palqueros” de una comunidad empiezan a “amarrar” el k’axche’ para la corrida, puede uno pensar sin temor a fallar, que habrá fiesta en el lugar. En el oriente, no hay fiesta campesina sin corrida de toros.4

            En relación con las fiestas, llama sobremanera la atención cómo en Yucatán la gente distingue en forma nítida y explícita las actividades religiosas de las “profanas” de la fiesta. La mayoría de los carteles que los organizadores de las fiestas de las comunidades rurales reparten por la localidad y por las demás del área circundante, que por lo general son costeados por las compañías productoras de cervezas, anuncian e invitan, por un lado a los actos religiosos y, por otro, a los profanos.

            Esto es, las fiestas en las comunidades rurales de Yucatán incluyen, desde la perspectiva de quienes en ellas participan, dos aspectos básicos y distinguibles: el sagrado y el profano (social). Veamos cómo aparecen estos dos aspectos en los carteles ya citados: por ejemplo, en el caso de la fiesta de Popolá, Valladolid.

         

La H. Junta Organizadora
Con el deseo de superar las fiestas de los años anteriores, ha puesto su empeño por satisfacer a los fiesteros en general tanto en lo profano como en lo religioso, cada cual tendrá la oportunidad de colmar sus deseos divirtiéndose ampliamente en esta hospitalaria localidad, que los recibirá con los brazos abiertos.
            En lo religioso habrá: MISAS, ROSARIOS, ENTRADA Y SALIDA DE GREMIOS Y SOLEMNE PROCESION.
            En lo social: REGIA VAQUERIA, BAILES POPULARES, MATINEE Y MONUMENTALES CORRIDAS DE TOROS.
           Sin faltar los clásicos puestos de refrescos naturales y embotellados, fondas de antojitos regionales y comidas típicas de la región. Además los acostumbrados juegos artificiales, juegos mecánicos de recreo, tómbolas, tiro al blanco, tamazucas y un sin fin de diversiones para chicos y grandes.

CARNET MUSICAL A CARGO DE
Los Juniors – Super Yucas
Mayito y sus Apóstoles
Acuarios – Grupo Imperio
Angeles del Ritmo, Grupo Sagitario y un Grupo Sorpresa
En las monumentales Corridas de Toros actuarán los valientes
Matadores
JULIO CESAR AGUILAR Y JOSE ANTONIO PADILLA.
Con sus competentes Banderilleros quienes lidiaran toros de la Región
Programa
Sábado 18.- Vaquería a cargo de Genaro Chuc Pool y por la noche Gran Baile con los Juniors
Domingo19.- Primera corrida y por la noche gran baile con los Super Yucas a cargo del Dep. Alberto Pech Pech
Lunes 20.- Segunda corrida y por la noche baile con Mayito y sus Apóstoles a cargo de Dip. Liborio Couoh P.
Martes 21.- Tercera corrida y por la noche baile con los Acuarios a cargo del Dip. Armín Aguilar.
Miércoles 22.- Cuarta corrida y por la noche baile, con los Angeles del Ritmo a cargo del Dip. Armín Aguilar
Jueves 23.- Quinta corrida y por la noche baile con los Angeles del Ritmo a cargo del Dip. Armín Aguilar
Viernes 24.- Sexta corrida y por la noche baile con Grupo Sagitario a cargo del Dip. Bernabé Och Chan
Sábado 25.- Charlotada y gran baile con un Grupo Sorpresa a cargo del Dip. Esteban Couoh Pech.
NO FALTE LE ESPERAMOS.

            No solamente las actividades sagradas y profanas son explícitamente diferentes y distinguibles, el lugareño sabe también reconocer los espacios y territorios de una y de otra actividad. Así, el templo, el atrio de la iglesia y las calles inmediatas a ellos son el lugar de lo sagrado. La plaza o el parque de la comunidad, el Palacio Municipal o el edificio de la Comisaría Municipal y algún espacio libre cercano al parque en donde por lo general se levanta el “ruedo” o “tablado”, son los lugares de lo profano.

            En el parque se instalan los puestos de comida, los de golosinas y antojitos, los de “chucherías” y juguetitos, los juegos de tipo tiro al blanco, los juegos de video, etcétera. En los corredores del Palacio se llevan a cabo la vaquería y los bailes y cerca de estos espacios se levanta el lugar para la corrida de toros.

            Puede decirse también que a cada tipo de espacio y cata tipo de actos corresponde cierto tipo de música. Así, las entradas y salidas de los gremios, la procesión, la corrida y la vaquería implican siempre la presencia de una “orquesta” (banda de música, charanga)5 que acompaña estas actividades. Las jaranas (música bailable regional) se tocan en la vaquería, en las casas de los patrocinadores de las fiestas (presidentes de gremio y diputados) y en las corridas. Las marchas acompañan las entradas y salidas de los gremios, pero cuando el contingente de éstos se acerca a unos cien metros aproximadamente de la iglesia (al llegar a la plaza) la banda cambia de marcha a himno religioso (por lo general Viva Cristo Rey). Cuando la banda toca a las puertas del templo después de la misa interpreta por lo general marchas. Esto es, parecería que por un lado, música de jarana es igual a actividad y espacio profano, y por otro, la música religiosa define los espacios de lo sagrado. Las marchas podrían en este sentido ser vistas como connotando lo transicional, el trecho entre lo sagrado y lo profano.6 Sin embargo esta dicotomía sólo funciona a grosso modo. En este sentido puede decirse que no obstante y a pesar de que la fiesta se define básicamente por elementos considerados como profanos por los participantes, hay que hacer notar que tanto la vaquería como la corrida incluyen elementos rituales que son en cierta forma rituales religiosos.

            Antes de construir “el ruedo”, los “palqueros” o el “diputado” a cargo de las corridas (a veces el presidente municipal en el caso de las comunidades más “secularizadas”), traen una rama de ceibo o ya’axche’, árbol sagrado de los mayas, símbolo del centro del mundo, que representa con sus ramas los trece cielos y por medio de cuyas raíces y tronco se comunican el cielo y la tierra, y lo siembran en algún lugar del ruedo (puede ser exactamente el centro). Además, en cada corrida, más o menos después del tercer toro, entran al ruedo un grupo de personas (en algunas comunidades pueden ser mujeres jóvenes portando terno7 en otros sólo hombres); uno de ellos carga un estandarte de la imagen del santo patrón y otros llevan entre sus manos y extendido por las cuatro puntas un lienzo de tela. Se trata de “dar la vuelta al ruedo” mientras la gente de los palcos y la que está en “baranda” (arriba de los palcos y sentados con las piernas colgando hacia el ruedo) arrojan dinero como limosna al lienzo de tela. Mientras este grupo de gente da vuelta al ruedo, la orquesta toca Viva Cristo Rey.

            Durante las vaquerías, se baila como última jarana la denominada “el toro”; para muchas hombres y mujeres de las comunidades de las comunidades bailar “el toro” o inclusive cualquier jarana de la fiesta es una promesa al santo.

            Todavía en algunas comunidades, como puede verse del cartel de invitación arriba transcrito, tanto las corridas como los bailes los organiza un “diputado”, que lo hace a su costa debido a alguna promesa. Esto es, los tiempos y los espacios de los profano están permeados siempre de elementos religiosos o sagrados.

 

Los aspectos sagrados de la fiesta 8
Los gremios

La forma tradicional del catolicismo popular más recurrente en las comunidades del oriente, es el gremio. Los gremios hacen su aparición los días de fiesta y en otras fechas religiosas celebradas por la iglesia local y/o regional. Por ejemplo, en la ciudad de Valladolid, un total de diecisiete gremios “entran” igual número de días durante los actos religiosos en honor del patrono de la ciudad: el Santísimo Sacramento. Además, en el mes de enero entran gremios en las celebraciones de las Cuarenta Horas. Los actos religiosos en honor del Divino Redentor del barrio de Sisal de Valladolid, consisten en misas y gremios. En el mes de Agosto se rinde culto en el barrio de Santa Lucía a San Roque, en estos días varios gremios hacen su entrada al templo.

"Vaqueras" de Temozón, Yucatán            En Valladolid, la mayoría de los gremios están organizados por oficios aunque también hay varios de señoras y señoritas y de niños. En esta ciudad los gremios con contingentes más numerosos son los de “obreros y campesinos” y los de “ganaderos y agricultores”. Esta situación se explica porque estos gremios tienen delegaciones. Esto significa, el compromiso de apoyar económica y culturalmente hablando a otros gremios de gente de la misma ocupación en las comunidades del entorno. El apoyo consiste en asistir los de Valladolid, con algo de dinero y los emblemas de su organización (por lo general pabellones y estandartes,) a las celebraciones que protagonizan sus homólogos de las comunidades. Por lo tanto en reciprocidad, los obreros y campesinos y los agricultores y ganaderos de los pueblos comarcanos acuden a Valladolid –como delegaciones– cuando hay que rendir culto a algún santo patrón de esa ciudad. Al parecer ciertos gremios de señoras y señoritas funcionan también como delegaciones.

            En la mayoría de las comunidades con población campesina hay cuando menos gremios de agricultores y ganaderos, de obreros y campesinos y de señoras y señoritas. En otras, hay además de comerciantes o por ejemplo de chicleros (como en Cuncunul). Algunos gremios agrupan a la gente del pueblo en general, en torno al Santo Patrón; así sucede en Cuncunul con el gremio de “La flor de cera” (consúltese Quintal et al., 1990).

            Los gremios tienen presidentes, encargados o interesados. De cualquier forma que se llame a este personaje, él carga con la mayor parte de las obligaciones y la coordinación de las actividades que el gremio desarrolla. En las comunidades campesinas, la organización de los actos religiosos en torno al Santo o a la Virgen es planeada básicamente por los priostes, sacristanes y/o encargados de la iglesia. Estos avisan al sacerdote que ha de acudir a la comunidad a oficiar misas y en su caso presidir la procesión. En la ciudad, la intervención del sacerdote es un poco mayor, pero incluso el orden de entrada de los gremios a la iglesia está establecido por la tradición.

Procesión en honor de Santiago Apóstol en Tixcacalcupul. Véanse los Santos invitados y los ramilletes
Procesión en honor de Santiago Apóstol en Tixcacalcupul. Véanse los Santos invitados y los ramilletes

            Como ejemplo del funcionamiento de un gremio urbano se presentará el caso del Gremio de Plateros de la ciudad de Valladolid en honor del Santísimo Sacramento.9 Este gremio tiene un siglo de existencia. El gremio agrupa en principio a todos los plateros, patrones, maestros, operarios y comerciantes de alhajas de la ciudad. El gremio tiene una directiva electa en asamblea de socios del año anterior, que está formada generalmente por un presidente, un tesorero, un secretario y vocales. Más o menos un mes antes de las celebraciones de octubre en honor del Santísimo Sacramento, el presidente y sus colaboradores de la “directiva empiezan a visitar a los socios buscando su cooperación económica. Es función de la directiva contratar, con el dinero recaudado, una “orquesta”, comprar flores para el “decoro” del templo, pagar dos misas y un rosario, comprar voladores de luces y otros fuegos artificiales. El presidente en cambio tiene que pagar de su peculio la comida y la bebida de la fiesta del gremio.

            Un día viernes de la última semana del período de celebraciones, por la mañana, los socios del gremio acuden solos o en compañía de sus familiares a casa del presidente. Como a las once la orquesta toca algunas jaranas y después se sirve la comida que hasta hace algunos años era invariablemente relleno negro.10 Ahora puede ofrecerse también tacos de lechón o de cochinita. Se toma horchata, refrescos, cervezas y otras bebidas.

            A la una de la tarde los plateros cargan los emblemas de su organización: escudo, estandartes y pabellones y se dirigen acompañados de la “orquesta” y el traquido de los voladores al templo donde son recibidos por el sacerdote. Depositan en el altar sus emblemas y se retiran a sus trabajos y/o domicilios. Por la noche, después de la adoración al Santísimo los socios del gremio “revientan” voladores al compás de la música y prenden fuegos artificiales.

            Al otro día, el sábado, a la una de la tarde los socios se dirigen al templo, toman del altar los emblemas de su organización y con música se dirigen a casa del presidente que tendrá a su cargo las actividades del gremio el próximo año. Ahí se come, se bebe, se oye música y como a las dos de la tarde se procede a realizar la asamblea del cambio de directiva. El nuevo presidente, en cuya casa se lleva a cabo la reunión, escucha el informe financiero, presencia la elaboración del acta y recibe el libro del gremio. En esa misma reunión se nombra al presidente que tendrá a cargo las actividades del gremio dentro de dos años. Concluye así el desempeño del gremio de plateros en honor de Jesús Sacramentado.

            Es pertinente aclarar que hay gremios más vistosos y alegres y/o con mayores contingentes que otros. Delante de los pabellones y estandartes van muchachas bellamente vestidas con sus ternos, con flores en el cabello y con aretes y soguillas de joyería de oro o fantasía. Estas señoritas por lo general llevan en las manos flores naturales y/o velas y otros objetos adornados con flores de cera. Algunos gremios tienen delegaciones, como el caso de los agricultores y campesinos, y de señoras y señoritas de las comunidades rurales; y el de los gremios de panaderos, curtidores, zapateros y talabarteros, de obreros y campesinos, de agricultores y ganaderos y de señoras y señoritas de la ciudad de Valladolid. En esta ciudad algunos hombres del gremio de obreros y campesinos llevan al templo el día de su “entrada” calabazas, ramas de caña y dos venados de madera de tamaño natural.

 

Los ramilletes y la cabeza de cochino

Baile de ramilletes y "Cabeza de cochino" en Temozón Yucatán.El cambio del presidente del grupo que organizó las actividades del gremio este año a manos de quien lo hará el próximo, va acompañado de la recepción de los símbolos de esa responsabilidad: el ramillete y/o la cabeza de cochino. Este cambio se realiza en algunos gremios de la ciudad de Valladolid, otros de Temozón y por lo general en comunidades con un sólo gremio que “entra” al templo la víspera del día del Santo. Sin embargo, lo más común en estos casos es que el presidente del gremio reciba la cabeza de cochino y otro u otras personas obtengan uno o más ramilletes que tendrán que entregar el próximo año el día que el gremio haga su “entrada” en la iglesia.

            El ramillete está formado por una pértiga, a la cual se sujetan por el centro –teniendo la pértiga como eje– tres, cuatro o a veces más canastillas de bejuco (“tramo”), una encima de la otra. Cada “tramo” se adorna con papel de seda y se decora con banderitas de diversos colores, elaboradas con el mismo material. Otras veces esas canastitas que integran el ramillete, son decoradas con flores de papel crepé o con flores de cera de abeja (en maya lolikib). Adentro de las canastitas, los socios que colaboraron con los materiales para “vestir” el ramillete colocan figuras de pan de trigo en forma de “águilas” (en maya ch’íich’ waaj), ángeles y medias lunas. Antes, estos ramilletes llevaban botellas de aguardiente, cigarros, tablillas de chocolate y muñecas de trapo. El día de la “entrada” del gremio, quienes adquirieron el año anterior la responsabilidad de entregar los ramilletes se dirigen cargándolos a casa del presidente del gremio, para salir con éste rumbo a la iglesia. Al llegar el gremio a la iglesia, los ramilletes son colgados con largas sogas del techo del interior del templo. Muchas veces se cuelgan de la barda de madera del “coro”, donde permanecen hasta el día siguiente, cuando tiene lugar la “salida” del gremio. Los ramilletes son “bajados” por quien se hará cargo de “vestirlos” el año entrante. El contenido del mismo (figuras de pan y banderitas) son repartidos entre los socios del nuevo responsable.

            La cabeza de cochino consiste precisamente de una cabeza de cerdo pibil (cocida en horno bajo tierra), dispuesta en una palangana de peltre o de plástico (antes se ponía en una vasija de barro) y adornada con un pan de trigo en forma de media luna y decorada con banderitas de papel de seda.

La iglesia de Popolá  con los ramilletes de la Virgen de las Mercedes.

            Es generalmente el futuro presidente del gremio quien recibe la cabeza de cochino como símbolo de compromiso. Sin embargo, se observan casos en que tanto ramilletes como cabeza de cochino tienen sus respectivos responsables, independientemente del presidente del gremio. Pero todos confluyen al templo el mismo día. Tenemos así tres organizaciones distintas que funcionan simultáneamente: 1) el presidente del gremio y sus socios; 2) los responsables de los ramilletes y sus socios y, 3) el responsable de la cabeza de cochino y sus socios. Muy probablemente todos estos símbolos de “responsabilidad adquirida” estaban en manos de una sola persona en épocas pasadas.

            Después de la “salida” del gremio, la cabeza de cochino y los ramilletes son llevados en procesión a las puertas de la casa del presidente entrante, entonces cargados por hombres y mujeres de la comunidad quienes danzan alrededor de una mesa, nueve veces en un sentido y nueve veces en otro.

 

La procesión

Entrada del gremio en Valladolid, Yucatán.

El día del santo patrono, después de la misa, tiene lugar la procesión. La imagen es tomada del altar y colocada sobre unas bandas adornadas con flores en compañía del personal de los gremios, de los santos invitados de otras comunidades. En caso de que los hubiere, y de los devotos en general, la procesión se realiza alrededor del templo y de la plaza del pueblo, al compás de algún himno religioso que interpreta la “orquesta”. Las campanas de la iglesia y el tronar de los voladores acompañan a los feligreses que marchan portando estandartes, pabellones, flores y velas detrás de la imagen sagrada. Concluida la procesión el santo es puesto al alcance de los creyentes de la comunidad y de los de comunidades vecinas que se acercan a ella para rezar o depositar una limosna.

Gremio con venaditos bailando en el atrio de la iglesia, Valladolid.

 

Los aspectos “profanos” de las fiestas
La vaquería

Ya se ha visto cómo los carteles que anuncian las fiestas patronales presentan como primer evento de los actos “profanos” una vaquería. El conocido estudioso de las cosas de Yucatán, don Renán Irigoyen Rosado, dice que “…la vaquería nació en las haciendas. Después de la marca del ganado, las mujeres –vaqueras– atendían solícitamente a los invitados, y a sus esposas y como final de fiesta danzaban viejos sones mayas influidos por la música española o viceversa. Las letras ajustadas a la música, olían a picardía, a pesar de la censura que desde el Oidor López y otras disposiciones posteriores, se impuso a los cantos y danzas indígenas” (Irigoyen Rosado, 1973: 36).

            La música que se baila en las vaquerías es nuestra jarana. Según el estudioso yucateco Luis Pérez Sabido “la jarana es el baile típico de la península de Yucatán. Existen dos formas métricas de este tipo de baile: la jarana 6 x 8, zapateada, nieta de los aires andaluces e hija de los sones mestizos, es de movimiento vivo marcado a dos tiempos, cuyo acento rítmico recae en el segundo tercio del tiempo ligero del compás, en una nota que puede ser prolongada hasta el tercer tercio o sincopada hasta el primer tercio del compás siguiente. La jarana 3 x 4, nacida posteriormente, es valseada y tiene el aire de la jota aragonesa de la que deriva...” (Pérez Sabido, 1983: 66).

Entrada del gremio de obreros y campesinos en Valladolid.

            La orquesta jaranera llamada también charanga está integrada por “dos trompetas, dos clarinetes, dos trombones, un contrabajo, un borbardino (barítono de aliento que fue sustituido más tarde por un saxofón tenor) un “huiro” o rascador y dos timbales” (Pérez Sabido, 1983:68).

            La vaquería se lleva a cabo casi siempre en corredores del Palacio Municipal o de la Comisaría y suele dar inicio ya avanzada la noche. Las muchachas de la localidad y de otras comunidades vecinas asisten vestidas de vaqueras, esto es, con el terno y llevando en la cabeza un sombrero adornado con flores y/o cintas. En el oriente del estado de Yucatán, los ternos, como los hipiles de diario y de paseo son por lo general bordados. La joyería típica de esta zona, acompañante fiel de la vestimenta femenina ha sido elaborada por los plateros vallisoletanos en oro de diez quilates y tienen entre sus piezas más acostumbradas las cadenas de varias vueltas con medalla de San Antonio y escudos; también es propio de las comunidades del oriente yucateco la joyería esmaltada: medallas, pulseras, anillos y aretes.11

            Actualmente en estas comunidades algunos hombres que acuden a la vaquería no suelen vestir ningún traje especial. Mientras se va juntando la gente, la orquesta toca jaranas y las parejas van poco a poco acercándose a bailar.12 Cuando hay ya cierta animación la orquesta interpreta los llamados aires. Entonces empieza formalmente la vaquería. La orquesta va tocando alternadamente una jarana 3 x 4 y luego una 6 x 8. En algunas comunidades se suele poner galas13 a las buenas bailadoras. También acostumbran los hombres disputar a la pareja a un bailador mediante el mecanismo de poner encima de ella alguna prenda: desde el sombrero hasta el cinturón pasando por el paliacate e incluso la playera.

            Ya entrada la madrugada la orquesta anuncia el fin del baile con las notas de la jarana llamada “el torito”.14 En esta jarana la mujer desempeña el papel de toro que embiste, se supone que sin dejar de bailar, contra el torero que es para el caso su pareja masculina de baile. Para muchos hombres de las comunidades de la región bailar “el torito” es una promesa e implica tantos riesgos como su contraparte real, esto es, lidiar un toro.

 

La corrida

Algunos días antes de comezar la fiesta, los “palqueros” empiezan a levantar, a construir, o como dicen los mismos pobladores a “amarrar” el tablado para las corridas. Se dirigen al monte y traen troncos, bejucos y palmas para tal efecto. Algunos se deciden por comprar láminas de cartón, sogas y mecates para armar sus respectivos palcos. Los diputados o en su defecto los empresarios se van encargando de conseguir a los toros que van a ser lidiados por los siempre “diestros matadores”.

            La plantación de la ceiba o ya’axche’ en la arena taurina puede ser un acto ritual complejo, incluso tabú para las mujeres (como en Chemax), una costumbre cumplida sin mayores trámites por los palqueros y diputados, o una actividad divertida, con participación femenina, como en Temozón. De cualquier forma se lleva a cabo antes de la primera corrida.

Gremio con "escudo" y dos "Ra,lletes" de flores  de cera.

            Cerca de las cuatro de la tarde, a veces un poco antes, la “orquesta” desde su elevado palco empieza a tocar jaranas. La gente de todas las edades va llegando, paga su entrada y ocupa poco a poco sus asientos en los palcos a nivel del piso o en galería, sendos o en “baranda” con los pies colgando hacia la arena.

            Mientras tanto el camión con los toros ha llegado y los vaqueros se encargan de meterlos a los toriles. Entonces la gente que ya ha ocupado sus lugares en el tablado, inicia una actividad que acompaña todas las corridas de la región: comer. Por el ruedo circulan hombres y jóvenes que venden cacahuates, “bolis”, palomitas, chicharrones, rebanadas de mango verde, algodones de azúcar y otras golosinas. Por lo general media hora después de la supuesta, da comienzo la corrida con las notas de un paso doble y la entrada (paseíllo) de los toreros.

            Quien ha asistido a una corrida de los pueblos de esta zona sabe ya que poco tienen que ver con las corridas de toros que se acostumbran en las capitales de los estados. Los toros no suelen ser de lidia, por lo general sólo se da muerte a uno: al primero; y las etapas clásicas de una corrida, que han de ser marcadas por el juez de plaza, se dan en estos contextos de manera bastante simplificada. De cualquier forma las corridas son emocionantes y divertidas. Emocionantes, porque nunca falta algún pequeño o gran accidente a causa de la inexperiencia de algunos toreros o de los “devotos” que por lo general ya con algunas copas de más se lanzan literalmente al ruedo a torear, en cumplimiento de alguna promesa o simplemente porque están borrachos. Divertidas, por las situaciones chuscas que se dan entre los toreros, el toro, los “espontáneos” y sobre todo con los vendedores de golosinas que invariablemente se ven expuestos a las embestidas de algún asustado, más que embravecido, toro.

            Cuando al ritmo de “el toro” entra al redondel el animal enfurecido o asustado por el tronar del petardo que lleva encendido en el lomo, el público se hace sentir con sus exclamaciones de admiración. Después de dos o tres pases de capa se oye el “cambio de tercio” y alguno de los toreros pone uno o dos pares de banderillas.15 Enseguida viene el último tercio que se prolonga cinco o diez minutos al ritmo de paso doble y si el torero tienen un desempeño más o menos adecuado, esto es, si demuestra que no le tiene miedo al toro, es obsequiado con una diana y los aplausos del público. Finalmente de una u otra forma, el torero da muerte al toro y la “orquesta” interpreta una jarana cuando por la puerta de toriles entran los vaqueros a pie o a caballo y no sin contratiempos, mismos que son pretexto y contexto para la diversión de todos, llevan al toro arrastrado hasta las manos diestras de algún carnicero.

            Entre tanto, cerca de la mesa donde se expenderá la carne del “ganado” se han instalado vendedoras provistas de las verduras necesarias para completar los ingredientes de la cena que prepararán esa noche en muchas casas de la comunidad y de otras poblaciones aledañas: el chocolomo.16

            Al finalizar la corrida, la “orquesta” se traslada al parque o a la cancha de la comunidad y toca dos jaranas, una en ritmo de 3 x 4 y otra en ritmo de 6 x 8. Algunas personas que han “gustado” la corrida se animan a bailar. En algunas ocasiones se llama “fandango” a esta jarana que se baila después de la corrida.

 

Los bailes

Por la noche tiene lugar el primer baile. Si antes “el carnet musical” estaba a cargo de una o varias “orquestas”, hoy los bailes son comúnmente amenizados por “conjuntos” o incluso por alguna empresa de “luz y sonido”. Debe aclararse que en estos casos, los jóvenes del pueblo no suelen referirse a estos eventos como “bailes”, sino como “luz y sonido”. Actualmente, estos bailes son por lo general más concurridos y animados que las vaquerías.

 

La feria

Otro elemento clave de las fiestas patronales es la feria que con sus puestos que venden juguetes de plástico, aretes, prendedores, moños, cassettes, golosinas, comida y refrescos; los puestos de “tiro al blanco”, y los de futbolitos atraen la atención de niños y jóvenes en lo especial. En poblaciones más o menos grandes como Valladolid los juegos mecánicos constituyen también una alternativa más de diversión para niños y jóvenes.

 

Fiestas y celebraciones yucatecas de antaño

El tema de las fiestas y celebraciones religiosas de Yucatán ha sido abordado de diversas formas por viajeros ilustrados, cronistas y estudiosos locales del folklore, periodistas y antropólogos. Dos trabajos ampliamente conocidos en el medio y relacionados con esta temática son el de don Renán Irigoyen Rosado Calendario de fiestas tradicionales de Yucatán, (1973) y el de Luis Pérez Sabido Bailes y danzas tradicionales de Yucatán, (1983). Los dos textos inician con comentarios en torno a las ocasiones y formas de celebrar de los mayas prehispánicos y con información relativa a los instrumentos musicales y danzas que acompañaban estas celebraciones.

            En este trabajo hemos preferido comenzar este apartado sobre festividades yucatecas de ayer, reproduciendo y comentando algunos textos de viajeros ilustrados que en la pasada centuria visitaron nuestra región y consignaron en sus escritos aspectos diversos de las fiestas y celebraciones.

            De entre los viajeros ilustrados que se refirieron a las festividades yucatecas sobresalen J.L. Stephens, Waldeck y Case. El último de los citados, en su libro, Views of Yucatan, si bien no nos describe ninguna celebración en lo especial, menciona a dos de los santos patronos más reverenciados por la sociedad yucateca en la época de su visita a la península, a principios de este siglo. Por un lado, la Virgen de Izamal, lugar que según el citado autor, era famoso en toda la región, no sólo por su fiesta anual durante el mes de diciembre, sino también por la enorme devoción de los mayas hacia la imagen sagrada (83). Por otro, el Cristo de las Ampollas en cuyo honor se hacia en Mérida durante los meses de septiembre y octubre una gran celebración. Case toma de un folleto publicado bajo los auspicios del Obispo de la Diócesis, la historia de la devoción hacia esta imagen. Y así nos dice que en un rancho propiedad del sacerdote del pueblo de Ichmul, lugar situado más o menos a veinte kilómetros de Peto y a ciento cincuenta de Mérida, se había visto durante varios viernes de cuaresma algunas luces extraordinarias en el monte. El sacerdote fue al lugar acompañado del maestro del pueblo y encontrando el árbol donde la luz aparecía, lo cortó y lo llevo a la sacristía. Cierto día apareció un joven escultor y le pidió trabajo al sacerdote comisionándole éste para que hiciera con el tronco una imagen de la Virgen de la Concepción. Sin embargo el escultor, sugirió mejor hacer un crucifijo con el tronco. Al otro día cuando el sacerdote fue a ver como iba el artista en su labor, encontró que había desaparecido y el crucifijo había sido terminado y puesto en pie como flotando sin ningún medio visible de soporte. La imagen fue inmediatamente llevada a la iglesia y desde entonces pareció provista de poderes milagrosos por lo cual toda la provincia concurrió a visitarla.

            En el año de 1651, después de nueve días de celebraciones religiosas especiales, la iglesia fue destruida accidentalmente por fuego, todo quedó reducido a cenizas; los objetos de metal quedaron fundidos, las piedras quedaron calcinadas, pero la maravillosa imagen sólo mostró los efectos del fuego en sus ampollas.

            El párroco y los feligreses no pusieron ninguna objeción a que la imagen fuera trasladada a la Catedral de Mérida; el ilustrísimo Obispo Señor Luis Sifuentes, fue a Ichmul y la llevó a la ciudad capital y en el año de 1656 la puso en el altar de la Catedral, pero un hombre llamado Lucas Villamil, habiendo sido curado de lepra por la imagen, como muestra de gratitud construyó una capilla especial en la misma Catedral donde fue puesta y venerada. La devoción anual dedicada a la imagen tenía (y tiene aún) lugar el 29 de septiembre y los días siguientes, y se decía confidencialmente que casi dos mil dólares ingresaban en esta época a los cofres de la Catedral compitiendo un gremio con otro en la cuantía de sus donativos17 (170-71). Ambas fiestas patronales, la de Mérida en honor del Cristo de las Ampollas y la de Izamal en honor de la Virgen de la Concepción se celebran aún.

            En su Viaje pintoresco y arqueológico a la Provincia de Yucatán (América Central) durante los años 1834 y 1836, Juan Federico Maximiliano, Barón de Waldeck, nos describe algunos aspectos de las celebraciones en honor al Cristo de las Ampollas en la ciudad de Mérida. Prisionero como era de la ideología evolucionista de su Europa, el Barón de Waldeck, buscaba y encontraba cualquier motivo, cualquier detalle, para externar su “horror” por las costumbres de los yucatecos.

            Veamos a continuación como describe una procesión en honor de la imagen venerada en Yucatán, probablemente durante la cuaresma:

            “Olvidaba describir la manera como los yucatecos llevan en procesión al Señor de las Ampollas y hacen del retrato de este maniquí. El Cristo es de tres cuartos tamaño natural, muy tiznado, cubierto de grietas y de un dibujo bárbaro e innoble. El rostro hace una horrible mueca; cabellos naturales, largos y de color oscuro rodean la cabeza del dios, y las trenzas de atrás están anudadas por delante, sin duda para mejor sujetar la cabeza a la cruz. El ropaje que cubre el sexo es una especie de enagüilla de brocado sujetada por un broche redondo guarnecido de más de ochocientos diamantes de un quilate poco más o menos.

            Bueno es que se sepa que cuando un incendio consumió la iglesia en que se encontraba esta ridícula figura, la cruz quedó reducida a cenizas, mientras que el cuerpo fue preservado de las llamas. Los piadosos habitantes de Mérida ajustaron el cuerpo escapado del incendio sobre una cruz nueva bien trabajada, especie de juguete cuyas extremidades superiores, redondas en lugar de ser cuadradas, están adornadas de unas a modo de virolas, de oro macizo terminadas por flores de lis. Esta imagen de madera así dispuesta, es la que luce hoy en las solemnes procesiones. Todo el aparato está colocado y fijo sobre una especie de pirámide de gradillas; cada gradilla está cargada de una masa de bujías rodeadas de un grueso tubo de vidrio, llamado aquí como en la mayor parte de las colonias de América guardabrisas; una vez conté sobre una de esas gradas, hasta ochenta bujías. El último asiento inferior de la pirámide soporta un dosel de cinco pies y medio de alto, enteramente cerrado por delante y sobre los costados. Una sola abertura dispuesta por detrás permite a los indios que llevan este fardo hacerse substituir por otros colocados cercan de sus camaradas para relevo. Con esos cargadores marcha a la ventura, envueltos como están en los paños de dosel, hay guías que les gritan: ¡Por la derecha! Este mando militar, repetido todas las veces que hay que dar vuelta a la derecha o la izquierda, es completamente propio para inspirar a los fieles del cortejo los pensamientos de piedad y el recogimiento que parecen necesarios en esta clase de ceremonia. ¡Que lastimosa niñería!”18

            No todos los viajeros a Yucatán tenían esta actitud “iluminista” tan ortodoxa y de rechazo generalizado en relación a las costumbres, tradiciones y cultura de los yucatecos. Así cuando J. L. Stephens visitó Centroamérica y Yucatán en 1839 también se sintió atraído por todo tipo de ceremonias, celebraciones y festejos. Cuando Stephens viajó de Sisal, rumbo a Mérida, al pasar por Hunucmá (Hunucama) reportó lo siguiente: “…y a la una de la tarde entramos al pueblo de Hunucama, agradablemente situado metido entre los árboles, con una extensa plaza, por entonces decorada con una enramada de siemprevivas en todo el derredor, preparativos para la gran fiesta de Corpus Christi, que iba a celebrarse al día siguiente” (1971: 371). Al llegar a Mérida, Stephens no dejó de notar también que esta ciudad se preparaba para Corpus:

            “La plaza presentaba una alegre escena. Era la víspera de la fiesta de El Corpus. Dos lados de la plaza estaban ocupados por corredores, y los otros se encontraban adornados con enramadas de siempre verde, entre las cuáles había luces diseminadas. Alegres grupos se paseaban por ahí y a lo largo de los corredores y en frente de las casas se habían colocado sillas y bancas para el uso de los paseantes y todos aquellos que quisieran ocuparlos” (1971: 273).

            “Por la mañana temprano, al repique de la campana, nos fuimos a la catedral, la que, con el palacio del obispo, ocupaba un costado entero de la plaza. El interior era majestuoso e imponente, con un cielo abovedado de piedra, y dos ringleras de elevados pilares del mismo material; el coro estaba en el centro, el altar ricamente adornado con plata; pero el gran atractivo consistía en las damas arrodilladas ante los altares con velos blancos o negros cubriéndoles la cabeza, algunas de ellas de una hermosura y pureza propias de un santo, y en el traje, modales y apariencia haciendo vivos los cuadros del romancero español”. (1971: 373-4).

            Las fiestas de Corpus de Hunucmá son en la actualidad sumamente coloridas e interesantes y en ellas participan los habitantes de la villa con gran creatividad.19 John L. Stephens en Viaje a Yucatán, 1841- 1842, narra distintas fiestas algunas de las cuáles ya han sido referidas en otros textos (Pérez Sabido, 1983). Aquí mencionaremos las que no han sido citadas previamente en otras publicaciones con el tema que nos ocupa. Por ejemplo, a su llegada a Mérida en 1841, Stephens se encontró con que en el barrio de San Cristóbal estaba a punto de concluir el novenario en honor de Nuestra Señora de Las Angustias. Veamos cómo narra Stephens su impresión sobre los distintos aspectos de la fiesta.

            La misa.- “Llegamos a Mérida en una ocasión muy oportuna, pues lo mismo que la primera vez, era la actual también época de fiesta. El novenario de San Cristóbal estaba por terminarse, y casualmente aquella noche debía haber en la iglesia una gran función dedicada al santo. Muy pronto nos encontramos en la calle principal de San Cristóbal, en la cual parecía hallarse reunida toda la población de Mérida, puesta en movimiento para la fiesta. Veíase en cada casa, un farol colgado de las ventanas, o asentada una vela grande bajo el guardabrisa para iluminar el camino a los transeúntes. Al extremo de la calle había una gran plaza, en uno de cuyos lados estaba la iglesia con su frontispicio brillantemente iluminado; y en el atrio, los escalones y la gran plaza, había una inmensa masa de hombres, mujeres y niños, indios en su mayor parte, vestidos de blanco.

            Abrímonos camino hasta la puerta y hallamos iluminadas la iglesia con un brillo deslumbrador. Dos filas de candelabros, en que había velas de cera de ocho o diez pies de elevación se extendía desde el piso hasta la bóveda, por ambos lados, pendían inmumerables lámparas. Allá en la testera, sobre una elevada plataforma había un altar de treinta pies de elevación, enriquecido de adornos de plata y vasos de flores e iluminado con una multitud de lámparas. Los sacerdotes ataviados con sus vestiduras religiosas oficiaban delante de ese altar: la música llenaba el coro y las bóvedas; y el pavimento de la inmensa iglesia estaba cubierto de mujeres de rodillas, vestidas de blanco y con tocas también blancas en las cabezas. Un sólo hombre no se veía en toda la extensión de la iglesia. Cerca de nosotros estaba un grupo de niñas, hermosamente adornadas, con ojos negros y enlazando su cabello con flores, todo lo cual, a pesar de que era yo un año más viejo y por consiguiente estaba más frío, ratifico mis anteriores impresiones sobre la belleza de las señoras yucatecas” (tomo I, p. 6).

            La lotería.- “La puerta de esta casa, lo mismo que la iglesia estaba abierta para el que gustase entrar, o para hablar con más propiedad, para todo el que quisiese y pudiese abrirse paso a través de ella. Siguiendo el movimiento de la turba que estaba delante de nosotros, y empujados por los de atrás, logramos a duras penas penetrar hasta la sala. Era ésta una pieza, que se extendía a lo largo del frontispicio de la casa, cálida hasta el grado de sofocación, henchida de hombres y mujeres, señoras y caballeros o como quiera llamárseles, y estrepitosa manera de una casa de locos, en que los pacientes anduviesen sueltos. Por algún tiempo nos fue imposible comprender lo que ocurría. Gradualmente fuimos recorriendo la sala a empellones, recibiendo codazos y pisotadas y sufriendo, alguna vez, que el ala de un sombrero de paja nos raspase la nariz, o que una bocanada de humo de tabaco se nos metiera por los ojos. Muy pronto se bañaron de lágrimas nuestras pobres caras, sin que allí hubiese una mano amiga que las enjugase, puesto que las nuestras iban materialmente prensadas contra las costillas.

            A cada lado de la sala, y ocupando toda su extensión, había una tosca mesa hecha de tablas sin pulir y en la cual se veían algunas velas colocadas en candelerillos de hojas de lata, separado el uno del otro como a dos pies de distancia. De idéntico material al de las mesas, había a lo largo de ellas muchas bancas, en donde estaban sentados indistintamente hombres y mujeres, blancos, mestizos e indios, tan apretados y aun más de lo que podría permitir la solidez y ordinaria resistencia de la carne humana. Cada una de las personas sentadas a la mesa tenía delante de sí un retazo de papel, de un pie en cuadro, cubierto de figuras arregladas en línea, un montoncito de granos de maíz, y a su lado una cachiporra de dieciocho pulgadas de largo y una de diámetro. Entretanto en medio de aquel ruido, algazara y confusión, inclinábanse constantemente los ojos a los papeles que tenía delante; y en aquel sitio abrasador parecía la concurrencia un ejército de nigrománticos y brujas, entre ellas algunas jóvenes y extremadamente bellas, que se daban al ejercicio de la magia negra.

            De la sala pudimos pasar al corredor, y llegamos empujados hasta una especie de túmulo. Un diablillo de muchacho, director al parecer de aquella orgía nocturna, colocado sobre una plataforma, hacía sonar un saco de bolas lanzando gritos chillones, que se percibían con toda claridad y distinción en medio del estrépito que reinaba alrededor. Había allí viejos, muchachos, muchachas, criaturas, padres y madres; maridos y mujeres; amos y criados; empleados superiores, arrieros y toreadores; señoras y señoritas con joyas en la garganta y rosas en el cabello; indias con su ligera toca blanca; belleza y deformidad, lo más elevado y lo más abatido de Mérida, formando un todo, acaso de más de dos mil personas. La clase de juego a que se entregaban aquellas buenas gentes se llama lotería; y es una diversión favorita en todas las provincias mexicanas” (tomo I, pp. 7 -9).

La corrida den toros.- Tan horrorizado quedó Stephens por las corridas de toros, que dedicó nueve páginas a describir profusamente diversos aspectos de este evento propio de las fiestas tradicionales de Yucatán, desde el coso taurino hasta la crueldad con que los animales son tratados. Veamos algunos párrafos de su descripción que podría satisfacer a los más exigentes etnógrafos profesionales:

            “La plaza de toros estaba en la de San Cristóbal. El anfiteatro o sitio destinado a los espectadores la ocupaba casi toda: construcción extraña y original, que en su mecanismo podía dejar pasmado a un arquitecto europeo. Era un gigantesco tablado circular, acaso de mil quinientos pies de circunferencia, capaz de contener de cuatro o cinco mil personas, erigido y asegurado sin emplear un solo clavo. Fabricado de madera tosca tal como se extrae de los bosques, cruzados y enlazados entre sí, dejando una abertura para la puerta, y dividido sobre el propio mecanismo en una multitud de palcos. La techumbre era una enramada de la hoja de palma americana; y el edificio entero era simple y curioso a la vez. Los indios se emplean en construir esta clase de obras, que desbaratan tan pronto como se ha terminado una fiesta, convirtiendo después en leña todos los materiales”

            “Los espectadores eran de todas clases, colores y edades; desde la gente canosa hasta las criaturas dormidas en los brazos de sus madres;... Del lado opuesto, y sobre la parte superior del tablado, había una banda de música, cuyo director tenía una brillante máscara negra, remedando tal vez un africano” (tomo I, pp. 13-14).

"Amarrando" el ruedo para la corrida, en Popolá, Valladolid, Yuc.

            La procesión.- “Encabezábanla tres clérigos ricamente vestidos, llevando el primero de ellos un gran cruz de plata de diez pies de elevación y cada uno de los otros un corpulento candelabro también de plata. Seguía un grupo abigarrado de músicos indios, a cuya cabeza estaban tres de la propia raza, por supuesto, dos de ellos soportando las extremidades de un enorme contrabajo. Luego venía otra reunión, de indios igualmente, conduciendo en hombros unas andas sobre las cuales estaba fija otra gran cruz de plata, a cuyos pies aparecía sentada la figura de María Magdalena, de tamaño natural, trayendo un vestido encarnado, una mantilla de seda azul y anchos bordados de oro en la cabeza y recostada en su regazo la figura de Jesucristo difunto. La peana estaba adornada de flores y guirnaldas, con guardabrisas de cristal, bajo las cuáles ardían muchas velas” (tomo I, p. 23).
           
            No podemos dejar de anotar que hoy en día las fiestas de los barrios de Mérida no incluyen ya más los aspectos llamados “profanos” y que aquí nos presenta Stephens: las corridas de toros y la lotería.

            Durante su viaje al interior del estado Stephens presenció las fiestas de Santiago Apóstol en Halachó y el novenario en honor del Santo Cristo del Amor del pueblo de Nohcacab. Luis Pérez Sabido reproduce parte de las descripciones del viajero neoyorquino al respecto. Aquí aprovechamos para transcribir algunos párrafos que resultan ilustrativos de las ceremonias del catolicismo popular de hoy.

            Así, nos dice Stephens del novenario de Nohcacab: “Desde por la mañana temprano se colocó el santo en su puesto en la testera del salón (en la enramada construida en la casa del llamado Patrón del Santo), se adornó el altar con flores frescas, y se cubrió la enramada de palmas nuevas para resguardar la imagen de los rayos del sol. Debajo de otra enramada situada en el patio, había una porción de indias haciendo tortillas y preparando platos de varias clases para un convite general de todo el pueblo. El baile dio principio a las doce, y un poco después y entrándose luego la gente a la casa. Cuando entré yo, ya estaba el padrecito delante de la imagen del santo, revestido con sus ropajes, cantando un salve, el indio sacristán incensando, y las bailadoras todas de rodillas con velas en las manos. Concluido este acto, vino enseguida la procesión de las velas. La cruz rompía la marcha, seguía luego el santo con un sacristán ebrio al frente, que iba incensándolo, y en pos íbamos el padrecito y yo de brazo, pues me llamó a su lado al colocarse en su puesto correspondiente. Éramos nosotros los únicos hombres que se veían en la procesión. Enseguida venía una porción de mujeres con sus trajes de baile y largas velas encendidas en la mano. Nos encaminamos a la iglesia, allí colocamos al santo en su altar, y las velas en un tosco trébede de madera para que estuviesen listas para la misa mayor, que debía celebrarse el día siguiente. A este tiempo oí una descarga extraña. Así como la nuestra se componía de mujeres, ésta la formaban hombres exclusivamente, y bien podía considerársela como una especie de júbilo o regocijo para festejar la derrota de la propaganda de abstinencia de licores, porque casi todos venían medio ebrios, y aun los que antes se mantenían sobrios, habían al fin sucumbido a la tentación. Precedían o más bien encabezaban la procesión varias hileras de hombres con platos en la mano, para recibir su porción competente de las cosas buenas que tenía el patrón preparadas con aquel objeto. Venían enseguida, en andas sobre hombros de indios, dos feos y toscos arcones, emblemas de la propiedad y custodia del santo: el uno contenía la cera recibida en ofrendas, las sogas para los fuegos artificiales y otros enseres de la pertenencia de aquel, que debían llevarse a casa del individuo que iba a encargarse de su custodia; y el otro estaba vacío, y era el que había contenido todas estas cosas y que debían quedarse en poder del custodio saliente como una especie de herencia sagrada. Detrás seguían, también en hombros de dos indios, hombres sentados, uno al lado del otro, en grandes sillones de brazos, con chales en el cuello, y que se agarraban con todas sus fuerzas a los brazos de los sillones, con cierta expresión muy marcada en su fisonomía, que parecía indicar que les acompañaba el conocimiento positivo de que su elevación sobre sus conciudadanos era precaria y poco duradera, porque los indios cargadores venían dando traspiés con la carga y el aguardiente que llevaban. Estos dos hombres eran el custodio saliente del arcón vacío, y el custodio entrante del arcón lleno. En medio del mayor ruido y algarabía, los asentaron en el corredor del cuartel” (tomo I, p. 291-2).

            Muy probablemente la descripción anterior corresponde a un cambio o entrega del kuch u obligación. Como se verá más adelante, a través de esta ceremonia año con año se compromete alguna persona de la comunidad a costear los gastos de las festividades en honor de un santo a quien se rinde culto en el pueblo.

            Otra fiesta que describe prolijamente Stephens es la de Ticul:

            Baile de mestizas.- “La enramada o salón de baile era un cobertizo como de ciento cincuenta pies de largo, rodeado de una balaustrada de ruda madera, cubierto de costales para proteger a los espectadores de la intemperie, e iluminado de luces colocadas en faroles. El piso era de mezcla compacta y endurecida: en el circuito del enverjado había una línea de asientos ocupados todos por las señoras; y los caballeros, los muchachos de ambos sexos, las criaturas y sus nodrizas estaban sentados en el suelo... El baile de mestizas, es un baile que puede llamarse de fantasía; en él, las señoritas del pueblo se presentaban de mestizas, es decir, vestidas del traje que usa esta clase en el país: una vestidura suelta muy blanca con bordados rojos en el ruedo y en el cuello, un sobrero negro de hombre, en la cabeza, una trena azul pendiente del hombro, y cadenas, brazaletes y arracadas de oro. Los jóvenes, imitando a los vaqueros y mayordomos, aparecían de camisa y pantalones de musolina listada, botines de gamuza amarilla, sombrero recio y pequeño de paja con borlas y ribetes de hilo de oro. Ambos trajes eran tan bonitos cuanto caprichosos, sólo que el sombrero negro me pareció realmente repulsivo a primera vista. Ya había oído decir que el sombrero negro era un obligado del traje de las mestizas; pero yo me imaginé que sería de paja, y de alguna graciosa y bella construcción; más las facciones de las muchachas eran tan dulces e interesantes, que a pesar del sombrero nada perdían de su encanto femenil. El conjunto de la escena fue algo diferente del que me había figurado: era más fantástico, la única danza era la del “Toro”. Un vaquero se colocaba en el puesto y todas las mestizas eran llamadas a él una por una. Esta danza, tal cual la habíamos visto entre los indios, era de poquísimo interés en sí misma, y exigía un movimiento de dedos, que por lo menos nada tenían de elegantes pero entre las mestizas de Ticul, era muy graciosa y agradable, y el traquido de los dedos atraía particularmente (tomo II, pp. 65-66).

            Baile de día.- “El baile diurno, o de día, tenía por objeto poner en acción la vida de una hacienda de campo; y había allí dos personajes prominentes, que no aparecieron la noche anterior, y se llamaban fiscales, que antiguamente eran unos adjuntos de los caciques y les representaban en su autoridad sobre los indios. Aparecían ataviados de unas camisas largas no muy limpias, rotas en algunas partes y con mangas disformes; de calzoncillos sujetos con un ceñidor de algodón cuyas extremidades caían hasta más abajo de las rodillas, de sandalias, sobreros de paja de través y con alas de diez o doce pulgadas de ancho, bajo los cuáles se escapaban unos largos mechones de cabellos que les cubrían las orejas. Uno de ellos portaba oblicuamente sobre el hombro una manta de algodón azul desteñido, diciendo que era vínculo que le venía por herencia de un antiguo cacique; y ambos tenían en las manos unas disciplinas. Estos dos individuos eran los directores y maestros de ceremonias con una autoridad absoluta e ilimitada sobre toda la concurrencia y con derecho, según se jactaban de ello, hasta zurrar a las mestizas, si les venía a cuento” (tomo II, p. 68).

            “Mientras se hallaban en esto, presentóse a la puerta encendiendo tranquilamente un nuevo cigarro en el que se le gastaba, un corpulento caballero, de respetable apariencia y que desempeñaba en el pueblo un destino elevado; tan pronto como los fiscales le vieron, abandonaron la obra que tenía entre manos, y usando de su caprichoso y ridículo poder arbitrario, dirigiéndose hacia él, le arrastraron hasta el centro de la pieza, colocándole en las espaldas de un vaquero y, apartando las faldas de su casaca, diéronle una azotaina con tal escarnio y solemnidad, que todos los concurrentes se debatían en una risa convulsiva” (p. 69). “Finalizada esta escena... las mestizas fueron a su vez llamadas a bailar, y se presentó el mismo bello espectáculo que presencié la noche precedente” (tomo II, p. 70).

            Llama sobremanera la atención esta descripción porque parece tratarse de un caso que los antropólogos llaman “rituales de inversión”; es decir aquellos en que los papeles tradicionales de las personas en su vida cotidiana aparecen “al revés”. En este caso se trata de un indio que azota a una supuesta persona importante de la comunidad ante el regocijo de quienes observan el espectáculo.20
            La corrida de toros- “Terminadas las carreras, los vaqueros aficionados teniendo a mano dos vaqueros reales y efectivos para acudir a cualquier emergencia, condujeron a la plaza al primer toro. Los toreadores cargaron sobre la bestia, lanza en ristre, presentando una vida pintura de los diablos desatados; y enseguida echaron de pie a tierra para atacar. El toro se halló acorralado junto al palco que ocupábamos, y por dos veces ví pasarle el acero entre las astas penetrando en la nuca con un ruido estridente, causándole una herida horrible de que brotaba la sangre a borbollones. Al tercer golpe vaciló, hizo un postrer esfuerzo para mantenerse en pie, pero al fin se desplomó sobre sus cuartos traseros y con un débil bramido rodó sobre uno de sus costados: de su boca manaba un arroyo de sangre, su lengua caía revolcada en el polvo, y a pocos momentos murió. Los vaqueros aficionados atáronle los pies, sujetaron las cuerdas a las sillas de dos jinetes, otros sostuvieron la presa, y mientras que el cuerpo era arrastrado por el circo, un bullicioso espectador vecino mío, exclamaba: “Dos caballos y seis cristianos” (tomo II, p. 76).

            Baile de etiqueta.- “De los toros pasamos otra vez al baile, que en la noche, era de etiqueta, y ningún caballero sin pantalones era admitido a él. La sociedad yucateca está montada sobre un cierto pie aristocrático, y se divide en dos grandes clases: una gasta pantalones, y otra que es, sin duda alguna, la más numerosa, que no usa sino calzoncillos. El aspecto general de las cosas había cambiado totalmente: los vaqueros estaban vestidos o por lo menos su traje no era impropio para un baile de pueblo. Las señoritas se habían despojado de sus atavíos de mestizas, y se presentaron vestidas de túnicos hechos con toda propiedad para delinear la figura, o más bien para dividir ésta en dos: la superior y la inferior. Las danzas indias habían desaparecido, y en su lugar se bailaba cuadrillas, contradanzas, valses y galopas. Había aquel gracioso tinte que daba tanta vida al baile de mestizas; y las señoritas no me parecieron tan bellas en sus trajes propios. Sin embargo había allí la misma dulzura de expresión, las danzas eran muy compasadas, la música sonora, y en la quietud y decoro que reinaba en todo, era difícil reconocer la misma alegre y bulliciosa reunión de la mañana (baile de día), y más todavía persuadirse que aquellas lindas y tiernas fisonomías habían aparecido pocas horas antes animadas de la bárbara excitación que produce la lucha de toros” (tomo II, p. 77).

            Hoy como ayer los extranjeros y algunos nacionales se escandalizan por este “juego” sin duda cruel, que es la corrida de toros, sin embargo, pocos desprecian la oportunidad de sacar fotos y películas si en sus tours por el oriente de la entidad su comodísimo autobús atraviesa alguna comunidad a la hora que se lleva a cabo la corrida de toros. Un sólo dato a favor de las corridas de pueblo: la carne y las viseras del único animal que se sacrifica son alimento ceremonial para la mayoría de las familias de estas comunidades. Comer chocolomo es mucho más que simplemente alimentarse, es una especie de comunión familiar y por ende comunal.

            El profesor Frederick Starr, de la Universidad de Chicago, escribe a principios del presente siglo sobre los mayas de Yucatán y nos ofrece algunas notas breves acerca de sus fiestas. Según él la ceremonia del k’ubpol (entrega de cabeza de cerdo) se celebra el tres de mayo. “Un indio fungía como hermano mayor e invitaba a los hermanos menores. Cada uno contribuía con una rueda. Al centro de cada una se sujetaba un pájaro vivo o un reptil. Una ramada era preparada era preparada antes. En ella se colgaban las ruedas aportadas por los hermanos. Alguien llevaba la línea cargando la rueda del hermano mayor que consistía de un gran pedazo de pan alrededor del cual se ponían pesos. El hermano mayor cargaba una cabeza de cochino entera. Todos danzaban con música” (18). Me parece que esta descripción de principios de siglo corresponde a lo que más arriba se ha presentado como la entrega de los ramilletes y la cabeza de cochino. Probablemente lo que Starr llama ruedas eran ramilletes. Mucho más reciente, es el poema que se transcribe enseguida para ampliar la imagen de lo que es la famosa danza de la cabeza de cochino:

El K’ub Pol
(Ofrenda de la Cabeza)
Sobre andas hojosas y floridas
van las cabezas del vulgar “cochino”
en tanto nuestro xmen, el Adivino,
sorbe el “balché” – jerarca de las bebidas.
Las horas de la fiesta trnascurridas,
En medio de algazara y desatino,
van las cabezas por el camino
a entregar al Padrino apercibidas
Quien recibe ese don queda obligado
al año a devolverlo, y duplicado
y en la forma ritual que lo acogió...
Mas es grotesco si con ellas danzan
los mazeguales y girando avanzan
en baile circular como un rondó...21

            No quisiera omitir una crónica sobre las fiestas patronales de principios del siglo XX:

            “Grandiosa y magnífica fiesta de Cansahcab. La comisión que suscribe tiene el alto honor de invitar al R. Público de este estado y al de Campeche para que concurran a divertirse en este pueblo, en donde habrá una magnífica y rumbosa fiesta que dará principio el 3 de septiembre del presente año, bajo el programa que sigue:

            Septiembre 3. Asombrosa y elegante “vaquería”, por la noche, en la cual con todo el donaire de costumbre, las bellas señoritas de la localidad y de los pueblos comarcanos invitadas para el efecto lucirán sus primorosas galas con todo el “chic” que son peculiares en las hermosas hijas de la costa.

            Septiembre 4. Repetición del baile de vaqueras y, por la noche, maravilloso baile de etiqueta.

            Cuatro soberbias corridas de toros en los días 5, 6 y 8, ofrece la comisión. Serán dirigidas por los valientes diestros Antonio Sosa y Felipe Perera. En las noches de las expresadas fechas habrá suntuosos bailes de etiqueta. Una buena y bien conjuntada banda de música bajo la hábil dirección del profesor Gregorio A. Méndez, será la que amenice todos los actos anteriormente descritos.

            Habrá “tamazucas”, cantinas, sorbeterías, fondas, tómbolas, rifas, tiros al blanco, monos sabios, burro adivinador, panoramas, cosmoramas, fantoches, loterías y keleidoscopio gigantesco en que aparecera el pueblo de Cansahcab visto al revés. El carrousel del Sr. Blas Diaz, con el negro reformado, según carta recibida del amico Nicolás (a) “Picnic”, llegará a esta población ocho días después de la fiesta.

            En fin todo lo que significa bullicio y algazara, alegría y diversión se proporcionará a la gente foránea, la cual tendrá excelente acogida entre los vecinos de esta localidad.

            ¡A divertirse pues antes de que baje el henequén!”22

            Hoy, apenas podemos jugar con la imaginación para tratar de entender en que consistían todas estas diversiones “profanas” de las que nos habla la inserción periodística arriba transcrita.

            Por cuanto a la fiesta de Valladolid se refiere, tenemos para la misma época, que la noche del ocho de octubre de 1902 se llevó a cabo la Serenata que el Gremio de Filarmónicos dedicó a las damas de esta ciudad. “Durante dicha retreta (verificada en el Parque Francisco Cantón) se quemaron vistosos fuegos artificiales y se elevaron caprichosos globos. Al terminar la serenata la banda de música recorrió las principales calles tocando dianas y algunos aires nacionales, retirándose la concurrencia en la madrugada”.

            “El día 24 corresponderá al gremio de los comerciantes en la fiesta que se celebra en honor del Santísimo Sacramento. ...no faltando las tradicionales corridas de toros de “barrera” ni las populares “sortijas”.23

            Las fiestas del estado de Yucatán también han atraído la atención de investigadores y antropólogos famosos; es el caso de Robert Redfield quien junto con el antropólogo yucateco Alfonso Villa Rojas dedicó parte de su interés científico al tema de la religiosidad y de las fiestas.

            En el libro Chan Kom. A Maya Village, los autores arriba citados nos describen la fiesta en honor del santo patrón del pueblo de X-Kalakdzonot, en la zona de Chan Kom, tal y como lo observaron a fines de abril de 1930. Veamos:

            “Son las cuatro de la tarde y el pueblo tiene aspecto festivo. La gente va y viene por los caminos. Hablan y ríen en forma excesiva. Algunos hombres toman ron. En un momento aparece un grupo de hombres medio borrachos y sudando llevando en sus hombros una gran rama de árbol de ceiba. Esta rama de ceiba es plantada firmemente en el centro del k’axche’ (ruedo, tablado) y servirá para amarrar ahí a los toros. Dados los voladores y el clamor que acompaña el acto de traer la rama del monte al ruedo, parece que ésta actividad es aspecto central de la fiesta.

            Mi atención se dirige a la casa del “cargador”, el organizador de la fiesta. Ese es el principal centro de actividad. Ahí numerosas mujeres están preparando tortillas y haciendo atole. En el patio algunos hombres están moliendo nixtamal en sus molinos de mano. De cuando en cuando se divierten tomando tragos de ron.

San Pedro y San Pablo de Tekom con sus Santos invitados.

            Cerca de la casa se ha construido la enramada, un techo de hojas de palma que será lugar del baile. La noche se acerca, la excitación crece. A cada momento se ven luces viniendo de los caminos, son bailadores y otras personas que vienen a pie o a caballo desde las otras rancherías.

            En casa del cargador se sirve la cena. Después de ésta la gente se dirige a la procesión a un pequeño oratorio. Ahí se había celebrado el día anterior el novenario en honor de la Santa Cruz. Un maestro cantor se hizo cargo de rezar las oraciones. Ahora los hombres de X-Kalakdzonot se dirigen a la casa de la persona que ha prometido ser el cargador el próximo año y les ofrece cigarros y ron.

            El ritual sagrado ha concluido, ahora la Sagrada Cruz va a ser honrada con un baile. Los cargadores actual y futuro van al oratorio en compañía de la gente, con música y voladores y toman a la Santa Cruz del altar y la llevan a una casita especial construida en frente de la enramada. El santo está así presente en la fiesta organizada en su honor. Alrededor de la enramada hay gente vendiendo dulces, chocolate, pan, bebidas y hasta helado traído de Valladolid a 65 kilómetros. Como a las diez de la noche los bailadores empiezan a llegar. Finalmente las notas de una corneta los ponen en movimiento. Los tambores empiezan a sonar y la primera pareja se presenta en la plataforma de madera que resuena con los tacones de los bailadores. La jarana ha comenzado.

            El amanecer se acerca y con el canto de los gallos se confunden las notas del torito, este es un baile (aire) con el que las jaranas siempre terminan. A las ocho de la mañana hay mucha actividad en casa del cargador. Sus dos asistentes, los kuleob, no descansan para nada. Ahora están ocupados distribuyendo platos de pavo sazonado con chile (rellenonegro) entre los diferentes grupos de asistentes. Los platos de atole pasan de grupo en grupo.

            Al mediodía el cargador actual junto con su esposa y sus socios, los nakulob, van a casa del futuro cargador para entregar la carga o cuch. Esta es una parte esencial de la fiesta y da su nombre (cuch) a toda ella. Sobre una mesa los kuleob ponen una cruz, una vasija de barro conteniendo la cabeza cocida de un cerdo, una pila de tortillas, varias botellas de ron y un pequeño plato con algunos cigarros. El cargador actual lleva el cuch: un poste o palo del que cuelgan muchas cintas de papel de colores diversos, paquetes de cigarros, muñecas de trapo y panes de harina hechos en formas de águilas. Él, conmina al cargador a celebrar la fiesta el próximo año diciendo lo siguiente.

            “En el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, yo te entrego esta carta (cuch) y lo que está encima de la mesa para que el próximo año tú le hagas su fiesta a la Santa Cruz”.

            A esto el otro responde “Gracias, señor, si Dios me da vida y salud, yo prometo hacerlo”.

            Entonces les dice a tres nakulob (que lo van a ayudar el próximo año en la fiesta) que tomen lo que está en la mesa. Levantando estos objetos los hombres bailan lentamente alrededor de la mesa mientras los músicos tocan la canción española “La carbonerita”. Después el chocolate, los cigarros y los otros objetos que componen el cuch son divididos entre los nakulob, que tienen que regresar al año siguiente el doble de lo que recibieron.

            La gente se dirige entonces al kaxche, donde empieza la corrida de toros. Los toros son rentados o prestados por lo que no deben ser dañados. Algunos jóvenes con paños rojos entran al ruedo y muestran gran habilidad y agilidad ante cualquier movimiento de los cuernos del toro. Sólo un hombre de Ebtún, ejecuta los pases de una verdadera corrida de toros. Su devoción a este arte le ha llevado a comprar ropa especial de torero y en tiempo de fiesta la usa en vez de su pantalón rústico, su delantal y sus alpargatas. Bajo un árbol los músicos tocan jaranas. La corrida ha terminado y con ella la fiesta” (153-55).

            Con este un tanto extenso, pero sin duda interesante recuento de algunas narraciones y crónicas sobre celebraciones en distintas zonas de nuestro estado tenemos ya seguramente una rica noción de lo que han sido las fiestas patronales de Yucatán y sabemos también que muchos de sus elementos viven y se reproducen renovados una veces, simplificados otras, en las festividades de hoy.
           
Calendario festivo de las cabeceras municipales de la región “oriente tradicional” de Yucatán”.24
Cuncunul.- 24 de Junio fiesta en honor de San Juan Bautista.
Chan Kom.- 13 de noviembre, fiesta en honor de San Diego de Alcalá.
Chemax.- 13 de junio fiesta en honor de San Antonio de Padua.
Chichimilá.- Del 10 al 18 de febrero, fiestas tradicionales.
Kaua.- 8 de diciembre, fiesta en honor de la Virgen de la Concepción.
Tekom.- 29 de junio, fiesta en honor de San Pedro y San Pablo.
Temozón.- 15 de agosto, fiesta en honor de la Virgen de la Asunción.
Tinum.- 13 de Junio, fiesta en honor de San Antonio de Padua.
Tixcacalcupul.- 25 de julio, fiesta en honor de Santiago Apostol
Uayma.- 4 de agosto, fiesta en honor de Santo Domingo de Guzmán.
Valladolid.- 29 de enero al 2 de febrero, fiesta en honor de la Virgen de la Candelario del barrio del mismo nombre.
Segunda quincena del mes de octubre, celebración de las “noches de octubre”.25

 

Fin de fiesta26

Don Manuel Antonio Barbachano y Terrazo, yucateco natural de Campeche, que escribiera muy diversas crónicas costumbristas en el siglo pasado con el seudónimo de D. Gil de las Calzar Verdes, termina un trabajo titulado Nuestras Fiestas con el siguiente párrafo: “Estas son tantas entre nosotros, que verdaderamente y con toda propiedad debía dividirse nuestro año en temporadas festivas y en intervalos más o menos cortos que las separan...” (1986: 32).

            Ni estaba equivocado ni tenemos por qué sentirnos avergonzados los yucatecos de ser “festivos”. Y no se trata aquí de un elogio al no trabajo, sino el simple reconocimiento de la necesidad universalmente humana de “hacer fiestas”.

            Todas las épocas y todas las culturas, independientemente de su complejidad han festejado. Si buscáramos una explicación de esta recurrencia de la actividad festiva es muy probable que la encontráramos en la incapacidad del pensamiento humano de percibir el tiempo como algo amorfo, sin modificaciones, carente de ritmo, de cadencia. ¿Cómo sería nuestra percepción del tiempo sin signos de puntuación, sin momentos especiales con una textura diferente a la de aquellos que constituyen la cotidianidad? (véase Delgado, 1992: 23-24). Las fiestas pues, no son gratuitas, no son algo ocioso. Cuando festejamos construimos el tiempo, construimos nuestra cultura, construimos nuestra identidad.

 

Reproducido en "Cuadernos de cultura yucateca No. 4. CULTUR- Gobierno del Estado de Yucatán. ISBN: 968-6718-07-9. Mérida, Yucatán, México 1993
Antropóloga Social, egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Investigadora del Area de Antropología Social del Centro INAH, Yucatán Regresar

Bibliografía




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